Trabajadores afirman que David Reyes Solano, jefe de la Agencia de Seguridad y Protección, junto al almacenero Ramón Sellera, ha convertido el saqueo en un sistema. Colocan guardias afines (Eduardo Cubeñas y su cuñado) en los accesos para sustraer cubetas de puré y sacos de sal. Manuel Solano, jefe de almacenes, recibe su tajada. El estibador Rafelito Arias actúa como mula de carga. Según la denuncia, David se jacta de su impunidad porque “a LMS no le hacen caso” y por su vinculación a la seguridad del Estado.
Trabajadores de la Fábrica de Conservas Yara han aportado nuevos detalles sobre el entramado de corrupción que, según su testimonio, dirige el jefe de la Agencia de Seguridad y Protección, David Reyes Solano.
La denuncia describe un mecanismo que permite el saqueo sistemático de la materia prima y los insumos, utilizando los propios recursos de control de la fábrica para garantizar la impunidad.
El modus operandi: la puerta principal como ruta de escape
El testimonio detalla cómo el jefe de seguridad y el almacenero orquestan el desvío con la complicidad del personal bajo su mando.
«David Reyes Solano […] en relación con Ramón Sellera, almacenero del almacén principal, se han combinado para sustraer cantidades de cubetas de puré y sacos de sal por la puerta principal.»
El método, según el relato, es sencillo pero efectivo: colocar a los guardias de confianza en los puntos estratégicos para que no haya controles.
«¿Cuál es el modus operandi de David? Pone a guardias de su estrecha confianza en la puerta, Eduardo Cubeñas y su cuñado.»
La red de complicidades y las jerarquías del saqueo
La denuncia señala a otros funcionarios de la fábrica que, desde sus puestos, facilitan el robo o reciben una compensación por mirar hacia otro lado.
«Bajo las sombras del dinero aparece Manuel Solano, jefe de los almacenes, quien se hace el de la vista gorda y coge su tajada.»
Los trabajadores también identifican al eslabón operativo de la cadena, el encargado de mover físicamente la mercancía robada.
«La denuncia va dirigida a un estibador, hombre de confianza de ambos, al que utilizan como mula de carga: Rafelito Arias. Es quien mueve las mercancías y sirve como muchacho de mandao.»
El negocio de las motos y las deudas entre corruptos
La acumulación de riqueza ilícita también genera tensiones internas en la red, que la denuncia revela como prueba del entramado.
«Ya David encargó su moto a través de contacto con Ramón Sellera. El compromiso entre Ramón y David está en un dinero que David le está debiendo desde hace rato a Sellera.»
La información coincide con investigaciones previas que señalaban que el almacenero Ramón Sellera había adquirido una segunda motocicleta con los fondos malversados y que los jefes de turno y otros implicados ya tenían “encargados paneles solares”.
La impunidad como bandera
Lo que más indigna a los denunciantes no es solo el saqueo, sino el cinismo con el que los responsables se jactan de su impunidad. El testimonio recoge una frase lapidaria de David Reyes Solano que revela su absoluta falta de temor a las consecuencias.
«Como dice David: ‘tranquilo, que a LMS no le hacen caso’. Se vale de que aún es de la seguridad del Estado y de que sus jefes de la Agencia confían en él.»
Esta arrogancia, denuncian los trabajadores, se alimenta de un sistema de protecciones que blinda a los corruptos.
«La corrupción estatal está por encima de la cabeza de estos tipos, chantajistas y arrogantes que viven del negocio sucio. Cuando cualquier trabajador de a pie le dan algo, quieren hacerse lucir como personas serias.»
Resumen:
Trabajadores de la Fábrica de Conservas Yara denuncian que David Reyes Solano, jefe de seguridad, y el almacenero Ramón Sellera han organizado una red de saqueo que opera por la puerta principal, con la complicidad de los guardias Eduardo Cubeñas y su cuñado, el jefe de almacenes Manuel Solano y el estibador Rafelito Arias. Señalan que David Reyes Solano, aun vinculado a la seguridad del Estado, se jacta de su impunidad.
Nota final:
El testimonio revela el mapa completo del saqueo en la Fábrica de Conservas Yara. No es un robo menor ni un hecho aislado, sino un sistema perfectamente engrasado que funciona con el manual de instrucciones al revés: los encargados de la seguridad son los que facilitan el robo; los responsables de los inventarios son los que ocultan las pérdidas; y los jefes de la seguridad del Estado (MININT) son los que garantizan la impunidad.
Los trabajadores han entregado los nombres, los cargos, el modus operandi y hasta las deudas pendientes entre los propios delincuentes. ¿Qué más tienen que aportar para que la Fiscalía y la Contraloría se decidan a intervenir?
Los guardias Eduardo Cubeñas y su cuñado, el jefe de almacenes Manuel Solano y el estibador Rafelito Arias son los eslabones operativos de la cadena. Pero detrás de ellos están los cerebros: David Reyes Solano y Ramón Sellera. La Contraloría sabe dónde están sus casas y las motos que compraron. Sólo falta que decidan hacer su trabajo.














