La viabilidad de la medida es puesta en duda por expertos, mientras la Casa Blanca no ofrece detalles concretos sobre fechas o mecanismos de distribución.
El presidente Donald Trump reafirmó su promesa de entregar un cheque de 2,000 dólares a los estadounidenses, asegurando que el pago se materializará «en algún momento del próximo año». Sin embargo, esta declaración, que mantiene la expectativa en millones de personas, se enfrenta a un escepticismo generalizado respecto a su viabilidad legal, financiera y política.
Trump realizó estas declaraciones a bordo del Air Force One durante un viaje a Florida este viernes. El mandatario defendió que estos fondos no serían «dinero inventado», sino que provendrían de los ingresos recaudados a través de su política de aranceles a otros países. «Cuando yo pago 2,000 dólares por persona… eso es dinero real, no inventado. Eso viene de otros países», afirmó en un video difundido en redes sociales.
Este anuncio se produce en un contexto político complejo, donde los tribunales han cuestionado la autoridad del presidente para imponer aranceles utilizando poderes de emergencia, y con un Congreso reacio a respaldar nuevas medidas de gasto en medio de preocupaciones fiscales.
La promesa, que Trump ha venido repitiendo durante semanas, presenta estos pagos como una especie de «dividendo» o «reparto de ganancias» generado por las tarifas a productos extranjeros, excluyendo a individuos de altos ingresos. No obstante, la Casa Blanca no ha proporcionado un plan concreto. La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, reiteró recientemente el compromiso del presidente y mencionó que su equipo evalúa «todas las opciones legales», sin ofrecer fechas o mecanismos específicos para la distribución.
Por su parte, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, matizó el entusiasmo al señalar que los beneficios para los ciudadanos «podrían venir en muchas formas», incluyendo posibles recortes de impuestos o deducciones, y admitió que no existe una propuesta formal presentada al Senado en este momento.
Los números tampoco parecen cuadrar. Según análisis, el gobierno federal recaudó aproximadamente 195 mil millones de dólares en aranceles en el último año fiscal. Sin embargo, distribuir un cheque de 2,000 dólares a unos 150 millones de adultos de ingresos medios y bajos costaría alrededor de 300 mil millones de dólares, una brecha significativa. Economistas advierten que un programa de esta magnitud podría aumentar el déficit y ejercer presión inflacionaria.
Para justificar la propuesta, la administración Trump ha sugerido que podría basarse en ingresos arancelarios «anticipados», proyectados para la próxima década, una maniobra fiscal sin precedentes que probablemente enfrentaría desafíos legales. Esta no es la primera vez que el presidente promete un pago masivo sin un plan claro, lo que añade escepticismo sobre la materialización de este último anuncio.
Mientras tanto, la idea de un «dividendo arancelario» ha generado expectativa, particularmente en redes sociales entre comunidades de bajos ingresos y trabajadores. No obstante, los mensajes contradictorios provenientes de la Casa Blanca, el Tesoro y los asesores económicos solo contribuyen a un clima de confusión e incertidumbre sobre si este cheque llegará finalmente a los bolsillos de los estadounidenses.














