Nuevo testimonio ciudadano describe el descontrol en la entrada de tomate: campesinos bebiendo alcohol dentro del centro, carretas sin control y una “pesa” manipulada. Los denunciantes señalan a David Reyes Solano como una “pieza clave” del desorden, junto a “Chichi”, y advierten que el descalabro financiero supera los 19 millones de pesos. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”, sentencian.
Un nuevo testimonio ciudadano ha llegado a nuestra redacción para completar el cuadro de corrupción en la Fábrica de Conservas Yara, Granma. La denuncia señala directamente a David Reyes Solano como una de las figuras centrales en el descontrol administrativo que, según los trabajadores, ha llevado a la entidad a la ruina.
El denunciante, que solicita mantener su identidad en el anonimato por temor a represalias, sitúa a Reyes Solano en el ojo de la tormenta junto a “Chichi Rufino”, ya mencionado en denuncias anteriores.
“David Reyes Solano, una pieza clave en el desorden y descontrol de entradas de carretas y parles de tomate. Él y Chichi se salpicaron de la pesa, del descontrol del patio.”
La “pesa” como epicentro de la corrupción
El epicentro del saqueo, según los trabajadores, está en la báscula de recepción de materia prima. La manipulación de los pesos habría sido tolerada por los jefes, permitiendo que “Chichi” y Reyes Solano falsificaran las entradas de tomate para desviar la producción al mercado negro.
La denuncia también retrata un clima de indisciplina laboral extrema que, lejos de ser controlado por los directivos, era aceptado como parte de la “política” de la empresa.
“Permitieron entrada de campesinos borrachos dentro del centro, incluso bebiendo con obreros a cualquier hora del día.”
“No hay peor ciego que el que no quiere ver”
El testimonio finaliza con una frase lapidaria que resume la actitud de la máxima dirección de la fábrica ante la evidencia del desfalco.
“No hay peor ciego que el que no quiere ver.”
Esta advertencia refuerza lo ya señalado por los damnificados del “caso pulpas” y los trabajadores de la industria: las pérdidas millonarias no se deben a la fatalidad, sino a una red de complicidades que llega hasta la cúpula directiva, donde el director Jorge Fidel González Dacal (“Pepe el Burro”) y sus colaboradores directos, incluyendo al jefe de producción y a los jefes de turno, habrían mirado hacia otro lado mientras se vaciaba la empresa.
El contexto oficial: producción, cifras y escasez
Mientras los trabajadores denuncian un “descontrol” y pérdidas millonarias, los reportes oficiales recientes presentan una imagen muy distinta de la fábrica.
El pasado 4 de mayo de 2026, Radio Bayamo reportó que la fábrica había recibido 687.86 toneladas de tomate y procesado 535.247 toneladas de puré, pese a la crisis energética . Incluso la Primera Secretaria del Partido en Granma, Yudelkis Ortiz Barceló, visitó la instalación para supervisar personalmente la producción de puré y aseguró que “entre todos, y con unidad, buscamos las alternativas” para que no se pierda el tomate .
En abril de 2024, el periódico oficial La Demajagua publicó una extensa nota sobre los logros de la fábrica, destacando que había generado 74 millones de pesos en ventas en solo tres meses y que aportaba casi el 100 por ciento de los ingresos de la Empresa de Conservas y Vegetales Granma (ECVG) .
La cifra de pérdidas millonarias (19 millones) aportada por los trabajadores contrasta con la imagen de éxito y productividad que proyectan las fuentes oficiales. La denuncia de los empleados de a pie apunta a que los “logros” oficiales podrían estar inflados por contratos con productos de exportación y ventas con precios en divisas, mientras que en el mercado nacional, el puré se falsifica y se roba.
Resumen:
Un ciudadano denuncia a David Reyes Solano como “pieza clave” en el descontrol de la entrada de materia prima (tomate) a la Fábrica de Conservas Yara. Lo acusa, junto a “Chichi” Rufino, de manipular la báscula de la “pesa” y permitir que campesinos entraran en estado de ebriedad a trabajar. La denuncia, que advierte “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, se suma a los señalamientos previos contra la dirección de la fábrica por pérdidas millonarias.
Nota final:
Las acusaciones sobre la “pesa” añaden una pieza más al rompecabezas de la corrupción en Yara. Si la entrada de tomate se falsificaba, los 6,000 quintales desaparecidos nunca existieron como tal; fueron papel mojado para encubrir el desvío de recursos. La Fiscalía y la Contraloría no pueden limitarse a revisar los balances generales; deben auditar el proceso de molienda desde la báscula hasta el tanque.
Los trabajadores han cumplido con su deber de alertar a la nación. La pelota ahora está en el tejado de las autoridades.














