Un joven de Holguín fue atacado por una decena de personas en un crucero de Ciego de Ávila cuando descubrió a un hombre escondido en el maletero de su vehículo robando 40 litros de gasolina. Recibió una pedrada en la ceja, cayó al suelo, comenzó a vomitar y nadie lo auxilió. La policía del punto de control, ubicado a pocos metros, no intervino. La madre denuncia que, tras el asalto, su hijo recibió nula asistencia médica y que las autoridades de tránsito en Florida, Camagüey, solo le tomaron los puntos. «Quiero justicia para mi hijo», clama.
Una madre de Holguín, residente en el municipio de Báguanos, Barrio Santa Cruz, ha contactado a nuestra redacción para denunciar el violento asalto que sufrió su hijo la noche del viernes 17 de abril en la carretera central, a la altura de la provincia de Ciego de Ávila. Su relato es desgarrador y revela un patrón de violencia, indefensión y omisión policial.
«Mi hijo fue asaltado. Estoy muy triste, desvastada. Nadie, ni la policía, me lo auxilió ni me le prestaron asistencia médica.»
Los hechos: un robo de gasolina que terminó en brutal agresión
Según el relato de la madre, basado en el testimonio de su hijo, el joven viajaba desde La Habana hacia Holguín en un carro (un Honda Accord gris) junto a un amigo, una mujer y una niña.
«Paran en un lugar creo llamado Jovellanos (Ciego de Ávila), donde hay un crucero de línea y un punto de control policial, todo alumbrado y muchos vendedores de plátanos.»
Mientras el grupo se detenía brevemente, el hijo de la denunciante bajó del vehículo a comprar. Fue entonces cuando ocurrió el incidente.
«Él sin saber lo que pasaba se baja y coge a un hombre metido en el maletero tratando de robar.»
El joven descubrió que un hombre se había escondido en el maletero (o que estaba abriéndolo) para robarle tres pomos de gasolina (aproximadamente 40 litros), un botín de alto valor en el contexto de escasez actual. Al enfrentarse al ladrón, la situación escaló rápidamente.
«Viene una manada como de 12 para encima de él. Uno le dio una pedrada en la ceja izquierda. Él cae al suelo, cayó de rodillas y comenzó a vomitar.»
La complicidad del silencio y la pasividad policial
Lo más grave del testimonio no es solo la violencia del ataque, sino la pasividad de quienes debían protegerlo.
«Todo el mundo mirando lo sucedido y nadie auxilió, como si todos, hasta la policía, se hubiesen puesto de acuerdo.»
El punto de control de la policía estaba situado a escasos metros del lugar del asalto.
«Montan rápido en el carro y van hasta el punto de control. Le dicen lo sucedido. No hicieron nada.»
La madre del joven se pregunta qué tipo de acuerdo tácito existe para que un asalto múltiple, ocurrido bajo la luz de los reflectores de un puesto policial, quede completamente impune.
«Ni le brindaron auxilio ni le cayeron detrás a los asaltantes. Nada. Como si estuvieran confabulados todos.»
La negligencia médica y el peregrinaje por las autoridades
La odisea no terminó en el lugar del ataque. El hijo, gravemente herido y en estado de shock, continuó su viaje buscando ayuda sin éxito.
«De ahí mi hijo discutió con la policía. Se fueron.»
Al llegar al siguiente punto de control, la historia se repitió.
«Cuando lo paran, mi hijo le relata lo acontecido y ellos querían que viraran, pero mi hijo dijo que habían pasado muchos kilómetros.»
Finalmente, en Florida, Camagüey, la única atención que recibió por parte de las autoridades fue burocrática.
«En Florida, Camagüey, le cogieron los puntos como 4 o 5. No le hicieron nada más. Eso fue como a las 3 am y el asalto fue a las 11 pm.»
Su hijo atravesó la isla ensangrentado, vomitando, durante más de diez horas, sin recibir asistencia médica efectiva hasta llegar a Holguín.
«Llegan a Holguín como a las 9 y tanto de la mañana. Van para el clínico quirúrgico y le hicieron placas. Todo dio bien y gracias a Dios llegó vivo mi amado hijo.»
Resumen de la denuncia:
Una madre denuncia que su hijo fue víctima de un brutal asalto en un crucero de Ciego de Ávila, donde una decena de personas lo golpearon y le causaron una herida grave en el rostro. La policía, presente en un punto de control a pocos metros, no intervino para detener la agresión ni para auxiliar a la víctima. La asistencia médica fue prácticamente nula hasta su llegada a Holguín. La madre exige justicia y una explicación por la pasividad y negligencia de las autoridades.
Nota final:
El caso de su hijo no es solo una historia de violencia, sino una crónica de la descomposición del tejido social y la complicidad institucional. Los asaltantes operaron como una «manada» bajo la luz de un puesto policial. Los vendedores ambulantes fueron cómplices por omisión. La policía, cuyo deber era proteger, fue un espectador pasivo que ni siquiera brindó primeros auxilios. La negligencia fue total: ni siquiera se interesaron por el bienestar del joven, solo burocracia.
Su hijo no viajaba a «hacer turismo». Usted aportó la foto de un trámite de una plancha de cemento. Él iba a gestionar un material de construcción, una necesidad básica en cualquier hogar cubano. Por ese derecho a intentar construir o reparar su casa, su hijo fue casi asesinado y abandonado por el Estado en la cuneta de una carretera.
Usted ha dado su nombre, su número de teléfono, los partes médicos y hasta el comprobante de la gestión de su hijo. Ha sido más valiente que todo el sistema que falló. Las autoridades de Ciego de Ávila, Camagüey, Holguín y el Ministerio del Interior deben dar una respuesta.














