Viajeros enfrentarán cancelaciones y retrasos durante varios días más, pese al restablecimiento de la financiación federal.
Tras 43 días de parálisis, el cierre del gobierno federal de Estados Unidos, el más prolongado en la historia del país, ha concluido oficialmente. Los empleados federales retomarán sus pagos, los parques nacionales reabrirán y los servicios públicos suspendidos comenzarán a restablecerse de manera gradual.
Sin embargo, las secuelas de esta crisis permanecen, especialmente en el sistema de transporte aéreo. En Florida, donde reside una numerosa comunidad cubana y otros grupos de viajeros frecuentes, los aeropuertos continuarán reportando cancelaciones, retrasos y situaciones de saturación durante varios días, a pesar de haberse levantado el cierre gubernamental.
La firma del presidente Donald Trump al proyecto de financiación aprobado por el Congreso puso fin a una crisis política que afectó servicios esenciales y generó pérdidas millonarias, pero el tráfico aéreo nacional aún está lejos de recuperar su ritmo habitual.
De acuerdo con informes de The Palm Beach Post, solo este jueves más de 109 vuelos fueron cancelados en Florida y otros 156 sufrieron retrasos. El aeropuerto de Orlando ha sido uno de los más afectados, con cerca de 400 cancelaciones desde el viernes anterior y más de 2.260 vuelos retrasados.
A nivel nacional, las cifras tampoco son alentadoras: casi 1.000 vuelos cancelados y más de 800 retrasos durante la mañana del jueves, según datos de FlightAware.
Uno de los factores clave ha sido la situación de los controladores aéreos, quienes estuvieron trabajando sin salario durante todo el periodo del cierre. Esto generó un aumento en las ausencias laborales, estrés extremo y fatiga del personal. La falta de operativos suficientes llevó a la Administración Federal de Aviación (FAA) a implementar recortes en el número de vuelos en 40 de los aeropuertos más transitados del país, incluyendo Miami, Fort Lauderdale, Tampa y Orlando.
El administrador de la FAA, Bryan Bedford, confirmó que, aunque originalmente se planeaba aumentar las restricciones a un 10% para mediados de noviembre, estas se mantendrán en un 6% tras la reapertura del gobierno, mientras se evalúa la capacidad del sistema para retomar progresivamente sus operaciones completas.
“Solo volveremos a la normalidad cuando nuestras métricas de seguridad estén claras”, advirtió el secretario de Transporte, Sean Duffy.
Mientras tanto, los pasajeros han vivido escenas complejas: terminales repletas, filas interminables, empleados exhaustos y familias completas durmiendo en el suelo a la espera de vuelos que no despegaron. Duffy reconoció en declaraciones anteriores que la situación había alcanzado un punto crítico y que no mejoraría hasta que los controladores aéreos recibieran sus salarios.
En los momentos más intensos del cierre, el aeropuerto de Miami (MIA) acumuló más de 45 retrasos y 24 cancelaciones en una sola mañana, mientras Fort Lauderdale (FLL) superó las 30 demoras y 31 cancelaciones.
Aunque no se prevé que la situación empeore, la normalización del tráfico aéreo tomará su tiempo. American Airlines alertó en una comunicación interna que los efectos del cierre gubernamental “se seguirán sintiendo durante varios días”, aunque no anticipan un impacto severo durante la temporada de Acción de Gracias.
Recomendaciones para los viajeros:
Ante este panorama, se aconseja a los pasajeros, especialmente a aquellos que realizan conexiones internacionales desde Florida, tomar las siguientes precauciones:
- Verificar el estado de su vuelo varias veces al día mediante la aplicación de la aerolínea.
- Llegar al aeropuerto con al menos dos horas y media de anticipación.
- Reprogramar de inmediato en caso de cancelación, teniendo en cuenta que las aerolíneas atienden por orden de solicitud.
Recordar que, si la cancelación está vinculada al cierre del gobierno, los pasajeros tienen derecho a un reembolso completo según la normativa federal.














