Vecinos del Reparto Militar en Guisa, Granma, denuncian la pésima calidad del pan de la panadería local, que califican de «objeto desconocido» y «como una piedra». Al mismo tiempo, aseguran que por la parte trasera del local sale pan de buena calidad que es llevado por el camino de Los Pajales para ser vendido ilegalmente. Señalan que el delegado Neudis Sánchez y las autoridades municipales conocen la situación y no actúan. También denuncian el maltrato de las dependientes, en especial de «Yodalis (La Flaca)», que «siempre tiene muy mal carácter y maltrata al pueblo».
Vecinos del Reparto Militar en Guisa, municipio de la provincia Granma, han contactado a nuestra redacción para denunciar la situación insostenible que viven con la panadería de su comunidad.
Los denunciantes, que han mostrado su «preocupación» en términos que reflejan un profundo hartazgo, describen un producto que roza lo incomible:
«Es algo que no tiene comparación con nada porque en realidad parece una piedra, o no sé qué clase de objeto desconocido.»
Pero el problema no es solo la calidad. Lo que más indigna a los vecinos es la existencia de un doble estándar: un pan malo para el pueblo, y otro pan bueno que se desvía para el mercado negro.
Los hechos: un pan para el pueblo, otro para la venta ilegal
Según el testimonio de los vecinos, la panadería del Reparto Militar opera con dos sistemas paralelos:
«Sabemos que a pesar de hacer ese pan tan malo para los consumidores, se hace otro pan de buena calidad que es sacado por la parte de atrás de la panadería, y llevado por el camino de Los Pajales, para ser vendido ilegalmente.»
El modus operandi es claro:
- La materia prima (harina, levadura, azúcar) que asigna el Estado para la panadería se divide en dos.
- Una parte se usa para producir pan de mala calidad (presumiblemente con menos insumos, horneado deficiente o ingredientes adulterados) que se vende al público en la propia panadería.
- Otra parte se usa para producir pan de buena calidad, que no llega a los consumidores de la comunidad, sino que se saca por la puerta trasera y se transporta por caminos apartados (Los Pajales) para ser vendido ilegalmente a precios más altos.
Este esquema de desvío de recursos —materias primas destinadas a la producción social que terminan en el mercado negro— es un clásico de la corrupción en Cuba, documentado en múltiples denuncias.
La complicidad institucional: «El delegado conoce todo y las autoridades también»
Los vecinos señalan directamente al delegado de la circunscripción, identificado como Neudis Sánchez, como conocedor de la situación:
«El delegado (Neudis Sánchez) conoce todo esto y las autoridades del municipio también y no hacen nada.»
Esta denuncia es particularmente grave. El delegado es el representante electo de la comunidad ante el gobierno municipal. Es el canal natural para elevar las quejas y exigir soluciones. Si él conoce y no hace nada, la comunidad se queda sin representación y sin protección.
Las «autoridades del municipio» (el intendente, el presidente del gobierno municipal, los funcionarios de comercio y control) también son señalados por su inacción.
El silencio de las autoridades ante esta situación sugiere una de dos posibilidades: o son cómplices del desvío (recibiendo una parte de las ganancias) o son incompetentes hasta el punto de no poder controlar una panadería en un reparto militar. Ninguna de las dos opciones es aceptable.
El maltrato a los consumidores: «Yodalis (La Flaca) maltrata al pueblo»
Los vecinos también denuncian el trato que reciben de las empleadas de la panadería, en particular de una trabajadora identificada como Yodalis, a quien apodan «La Flaca»:
«El mal trato a los consumidores por parte de las dependientes de dicha entidad y en especial Yodalis (La Flaca) que siempre tiene muy mal carácter y maltrata al pueblo.»
Los denunciantes aseguran que han elevado quejas al administrador de la panadería en varias ocasiones:
«Se le ha dado la queja al administrador varias veces y no ha hecho nada porque al final todos son la misma cosa.»
La frase «todos son la misma cosa» sugiere que el administrador no solo no resuelve, sino que probablemente es parte de la misma red de corrupción que permite el desvío del pan de buena calidad.
El contexto: desvío de recursos, doble estándar y complicidad de autoridades
Esta denuncia sobre la panadería de Guisa no es un caso aislado. Se inscribe en un patrón documentado en múltiples provincias: productos de primera necesidad que se producen con fondos públicos, pero que no llegan al pueblo porque son desviados al mercado negro.
El caso de la panadería de Guisa en el contexto nacional:
El pan es un producto de primera necesidad cuyo precio está regulado por el Estado. Su producción está subsidiada. Cuando una panadería estatal produce pan de mala calidad para el público y pan de buena calidad para la venta ilegal, está ocurriendo un desfalco: los insumos subsidiados se convierten en ganancias privadas para los involucrados en la red.
Este patrón se repite con otros productos básicos. En Guantánamo, en abril de 2026, inspectores detectaron que el pollo se vendía en el mercado negro a 650 pesos frente a los 310 concertados, el aceite a 1,600 pesos frente a 950, y la yuca a 80 pesos frente a 35 .
El rol de las inspecciones:
A nivel nacional, el gobierno ha desplegado inspectores para combatir estas prácticas, pero la efectividad es limitada. En Guantánamo, 132 inspectores realizaron 380 acciones en una semana, detectando violaciones en el 86% de los negocios inspeccionados y aplicando 326 multas por casi 2 millones de pesos .
Sin embargo, la experiencia de los vecinos de Guisa demuestra que las inspecciones no llegan a todos lados, y que cuando los propios funcionarios locales están comprometidos, la corrupción se enquista.
El esquema real vs. el esquema ideal
En un esquema ideal, una panadería estatal produce pan de calidad uniforme, a precio regulado, para toda la comunidad. El delegado vela por los intereses de los vecinos. Las dependientas tratan al público con respeto. El administrador atiende las quejas.
En la Cuba real de abril de 2026, según esta denuncia, ocurre todo lo contrario en Guisa:
- El pan para el pueblo es «como una piedra», «un objeto desconocido».
- El pan de buena calidad sale por la puerta de atrás hacia el mercado negro.
- El delegado conoce y no hace nada.
- Las autoridades municipales también conocen y no hacen nada.
- Las dependientas, especialmente Yodalis «La Flaca», maltratan al pueblo.
- El administrador recibe las quejas y no actúa «porque al final todos son la misma cosa».
El mensaje para los vecinos del Reparto Militar de Guisa es cruel: ustedes reciben lo peor. Lo mejor se va por la puerta de atrás. Y no pueden esperar ayuda de sus autoridades, porque están del otro lado.
«Espero que se visualice la situación que vive el pueblo de Guisa»
Los vecinos cierran su denuncia con un llamado a la visibilidad:
«Espero una vez más se visualice la situación que vive el pueblo de Guisa, Cuba.»
Y agradecen a este medio por su labor:
«Gracias por su atención, que Dios los bendiga para que puedan seguir ayudando al pueblo. Saludos.»
El agradecimiento es significativo. Los ciudadanos de Guisa saben que las autoridades locales no les resolverán. Saben que el delegado, el administrador y los funcionarios municipales están del lado de los corruptos. Su única esperanza es que la denuncia pública —la «visualización»— ponga presión suficiente para que algo cambie.
Resumen:
Vecinos del Reparto Militar en Guisa, Granma, denuncian que la panadería local produce pan «como una piedra» para los consumidores, mientras por la parte de atrás sale pan de buena calidad que es llevado por el camino de Los Pajales para ser vendido ilegalmente. Señalan que el delegado Neudis Sánchez y las autoridades municipales conocen la situación y no hacen nada. También denuncian el maltrato de las dependientas, en especial de Yodalis («La Flaca»), que «siempre tiene muy mal carácter y maltrata al pueblo». Las quejas al administrador han sido ignoradas «porque al final todos son la misma cosa». Los vecinos esperan que su situación sea «visualizada» para que el pueblo de Guisa pueda tener una solución.
Nota final:
El pan en Cuba es un alimento sagrado. Es la base de la alimentación de millones de familias. Cuando una panadería estatal —subsidiada con fondos públicos— produce pan incomible para el pueblo y desvía el pan de buena calidad al mercado negro, no es solo corrupción. Es una traición a la confianza de la comunidad.
Neudis Sánchez, el delegado, fue elegido para representar a esos vecinos. Su trabajo es escuchar sus quejas y llevarlas a las autoridades. Si él conoce y no hace nada, ha traicionado su mandato. Si las autoridades municipales conocen y no actúan, han abandonado sus responsabilidades.
Yodalis «La Flaca» puede tener mal carácter. Eso es una cuestión de educación, no de corrupción. Pero que el administrador no haga nada después de múltiples quejas —eso sí es corrupción. Eso es negligencia. Eso es complicidad.
El pan de buena calidad que sale por la puerta de atrás de la panadería de Guisa no es un accidente. Es el resultado de una decisión consciente: desviar recursos públicos para beneficio privado. Alguien se está enriqueciendo con ese pan. Alguien está comprando en el mercado negro a precios elevados. Alguien está protegiendo a los responsables.
Las autoridades del gobierno municipal de Guisa, la Dirección de Comercio, los inspectores de la provincia de Granma y la Contraloría tienen la palabra. Los vecinos del Reparto Militar han hablado. Han dado nombres: Neudis Sánchez, Yodalis, el administrador. Han dado detalles: la puerta de atrás, el camino de Los Pajales.
Ahora les toca a las autoridades actuar.
Mientras tanto, en Guisa, los vecinos seguirán comprando pan «como una piedra». O pagarán más caro por el pan de buena calidad en el mercado negro. O se quedarán sin pan. Y el delegado, que lo sabe todo, seguirá sin hacer nada.
¿Hasta cuándo, Guisa? ¿Hasta cuándo, Granma?














