Políticas migratorias más estrictas y un clima de temor provocan una caída sin precedentes en la matrícula, afectando presupuestos y diversidad en distritos escolares clave.
Los distritos escolares de todo Estados Unidos reportan una disminución dramática en la inscripción de estudiantes provenientes de familias inmigrantes, un fenómeno directamente vinculado a las políticas migratorias de la administración actual y a una reducción general en las llegadas al país. En algunos casos, los padres han sido deportados o han regresado voluntariamente a sus naciones de origen, mientras que otros se han mudado internamente buscando alivio ante el alto costo de vida en ciudades como Miami. No obstante, la causa principal, según los administradores educativos, es que menos familias están logrando cruzar la frontera.
El condado de Miami-Dade, con una amplia población de origen cubano y latino, es un ejemplo palpable: este año solo se inscribieron 2,550 estudiantes extranjeros, una cifra muy por debajo de los casi 14,000 del año anterior y los más de 20,000 de hace dos años. Luisa Santos, miembro de la junta escolar y quien llegó a EE.UU. siendo una niña inmigrante, calificó esta tendencia como «una triste realidad». Esta caída ha representado una pérdida estimada de 70 millones de dólares para el presupuesto del distrito, forzando a buscar alternativas para cubrir el déficit. La situación se repite a nivel nacional. En Albertville, Alabama, el programa para nuevos alumnos no ha recibido ni una sola inscripción este año. En Palm Beach County, la matrícula cayó en más de 6,000 estudiantes, y en Houston, Texas, la escuela «Las Américas», dedicada a niños recién llegados, cerró sus puertas después de que su matrícula se desplomara de 111 a apenas 21 alumnos.
El ambiente de temor es palpable. En Chelsea, Massachusetts, un refugio histórico para inmigrantes, el flujo de recién llegados se redujo drásticamente. «Se siente el miedo en el aire», confesó Daniel Mojica, director de un centro de información para padres, aludiendo a la visible presencia de agentes de inmigración. Este descenso no solo afecta las finanzas de los distritos, sino que también priva a las aulas de la diversidad cultural y la energía que durante décadas han caracterizado al sistema educativo estadounidense, dejando un vacío que trasciende lo presupuestario.














