El presidente de EE.UU. promete una asociación energética estrecha y agradece el primer envío de 30 millones de barriles de crudo, mientras Caracas denuncia «agresión» pero explora la normalización diplomática.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este sábado que «ama al pueblo venezolano» y que su administración «ya está haciendo que Venezuela vuelva a ser rica y segura». La declaración, publicada en su red Truth Social, se produce en el marco de su ofensiva para reconfigurar las relaciones con el país caribeño tras la captura de Nicolás Maduro, prometiendo una integración económica estrecha centrada en la reconstrucción de la industria petrolera venezolana «dilapidada».
Un día antes, desde la Casa Blanca, Trump había asegurado que la salida de Maduro abre «un futuro increíble para ambas naciones», permitiendo integrar a «dos poderes energéticos mayores» del hemisferio. En ese contexto, vinculó su plan al acuerdo energético en curso y reveló que «el número es 30 millones de barriles» de petróleo venezolano «entregados» a Estados Unidos, un cargamento que ya está en camino y que agradeció como un gesto de cooperación. Su objetivo declarado es lograr precios de energía más bajos en EE.UU. y facilitar la participación de grandes empresas estadounidenses en la reactivación petrolera venezolana.
Sin embargo, estas declaraciones de colaboración contrastan con la postura oficial del Gobierno de Venezuela, que en un comunicado separado acusó a Estados Unidos de una «gravísima agresión militar» contra su territorio y población, en violación del Derecho Internacional y la Carta de la ONU, y reclamó la condena internacional. Pese a esta denuncia formal, el mismo comunicado anunció contactos exploratorios con representantes estadounidenses para evaluar una posible normalización de relaciones diplomáticas, que incluiría el restablecimiento de misiones consulares en ambas capitales.
Este aparente doble discurso —denuncia pública y exploración privada— se enmarca en el aumento de tensiones tras los eventos del 3 de enero, cuando una operación militar estadounidense en Caracas culminó con la captura de Nicolás Maduro. Mientras Trump pinta un panorama de asociación beneficiosa y rápido resurgimiento, las autoridades venezolanas interinas buscan navegar entre la exigencia de soberanía y la necesidad práctica de reanudar relaciones con la potencia que ahora ejerce un control decisivo sobre su principal recurso económico.
Resumen: Donald Trump declaró que su gobierno ya está devolviendo la riqueza y seguridad a Venezuela, agradeciendo un primer envío de 30 millones de barriles de crudo y prometiendo una estrecha asociación energética. Frente a esto, el gobierno venezolano denunció una «agresión militar» pero, simultáneamente, anunció contactos para normalizar relaciones diplomáticas con Washington.
Nota: La narrativa de Trump proyecta una transición ordenada hacia un nuevo orden económico bajo égida estadounidense, mientras la realidad venezolana muestra la compleja dualidad de un gobierno interino que debe legitimarse ante su población denunciando la agresión, pero al mismo tiempo negociar su supervivencia y reconstrucción con el mismo actor que la ejecutó.














