La ofensiva, que ya incluyó la incautación del cargamento del buque «Skipper», busca estrangular el principal ingreso del régimen y afecta también el flujo de crudo a Cuba. La ONU muestra preocupación por la escalada.
La administración del presidente Donald Trump ha iniciado una nueva y más agresiva fase en su presión contra el gobierno de Nicolás Maduro, al pasar de sanciones económicas a la confiscación directa de cargamentos de petróleo venezolano en alta mar. Según informes, Washington planea apoderarse de más embarcaciones como parte de una estrategia para desestabilizar financieramente al régimen chavista, afectando también a su aliado clave, Cuba.
La operación contra el buque «Skipper» y su impacto inmediato:
Una operación conjunta del FBI, Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), la Guardia Costera y el Departamento de Defensa resultó en la confiscación del cargamento del buque «Skipper», valorado en aproximadamente 80 millones de dólares. Este monto representa alrededor del 5% de los ingresos mensuales que Venezuela destina a importar bienes esenciales, golpeando directamente su ya deprimida economía.
El impacto práctico fue inmediato: una docena de buques se mantenían a la espera, sin atreverse a atracar en el principal terminal petrolero del país (PDVSA), paralizando parcialmente las operaciones de exportación. Funcionarios reportaron ausentismo laboral en los puertos por temor a nuevas acciones estadounidenses.
El objetivo estratégico: estrangular la principal fuente de ingresos:
Para Venezuela, esta ofensiva es particularmente crítica porque el petróleo ha representado históricamente más del 90% de sus ingresos por exportaciones. La incautación de cargamentos no solo priva al gobierno de divisas frescas, sino que, según analistas citados por The Wall Street Journal, podría ser suficiente para hundir nuevamente al país en la recesión si se repite mensualmente. Además, el gobierno de EE.UU. alega que una red de corrupción dentro del chavismo se apropia de miles de millones de dólares de esta industria.
El «doble golpe»: el vínculo con Cuba:
La ofensiva tiene un segundo objetivo estratégico: Cuba. Medios como Axios revelaron que el petrolero incautado se dirigía a la isla, formando parte de una red ilegal que abastece a La Habana con crudo venezolano e iraní, eludiedo sanciones. Fuentes describen un esquema mediante el cual Cuba revendería parte de ese petróleo en el mercado negro internacional, involucrando presuntamente a familiares de Raúl Castro. Para Washington, cortar este flujo es un «doble golpe» que debilita tanto a Maduro como al gobierno cubano que lo respalda políticamente.
Despliegue militar y retórica escalada:
La estrategia se complementa con un creciente despliegue militar estadounidense en el Caribe, ataques a embarcaciones acusadas de narcotráfico y una retórica belicista. El presidente Trump declaró que «los días de Maduro están contados» y no descartó una invasión terrestre. Mientras, el Departamento del Tesoro impuso nuevas sanciones a una docena de operadores y empresas, incluyendo familiares de Cilia Flores, esposa de Maduro.
Reacciones internacionales y advertencias:
- Venezuela: Denunció la incautación como un «acto de piratería internacional» y el «secuestro» de la tripulación.
- ONU: Expresó preocupación por la escalada y pidió moderación para evitar una mayor desestabilización regional.
- Analistas: Economistas como Francisco Rodríguez advierten que la confiscación sistemática de cargamentos podría tener un efecto devastador, obligando a Venezuela a vender su crudo con descuentos aún mayores y a vaciar sus reservas internacionales.
Resumen: EE.UU. ha pasado a una fase más agresiva contra el gobierno de Maduro, confiscando cargamentos de petróleo venezolano en el mar y planeando más incautaciones. La medida busca estrangular la principal fuente de ingresos del régimen y cortar el suministro de crudo a Cuba. La acción, acompañada de un despliegue militar y sanciones, ha generado una peligrosa escalada de tensión en la región.
Nota: Esta nueva táctica de confiscación marítima marca un punto de inflexión en la presión económica contra Venezuela, trasladando el conflicto de los escritorios de los banqueros a las aguas internacionales. Al atacar directamente el flujo físico del petróleo, Washington busca provocar un colapso interno acelerado del chavismo. Sin embargo, esta estrategia de máxima presión conlleva riesgos extremos: podría empujar a un país ya en crisis humanitaria hacia el abismo total, desencadenar una respuesta militar impredecible y profundizar la inestabilidad en todo el Caribe, con Cuba como actor central en este peligroso tablero geopolítico.














