Un nuevo incidente, captado en imágenes virales, muestra un ataúd abierto y un cadáver en la vía pública, sumándose a una larga lista de sucesos que violan la dignidad de los muertos y de sus familias.
La crisis multidimensional que vive Cuba alcanza un punto de descomposición moral y material especialmente crudo: el servicio funerario. Un nuevo y bochornoso incidente ha conmocionado a la opinión pública, tanto dentro como fuera de la isla. Imágenes difundidas en redes sociales muestran un féretro que cayó de un carro fúnebre en plena vía pública, abriéndose al impacto y dejando el cuerpo del difunto expuesto a la vista de transeúntes. En las fotos y videos, se observa a los operarios del vehículo intentando reintroducir el cadáver en el deteriorado coche, en una escena que sintetiza el colapso de un servicio público básico.
Aunque la ubicación exacta y la fecha precisa de este último suceso no han sido oficialmente confirmadas, su viralización a través del perfil de la usuaria Irma Lidia Broek y la documentación del periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada lo han convertido en un símbolo innegable. Este caso no es una anomalía, sino el eslabón más reciente de una cadena de indignidades post mortem que se repiten por toda la geografía cubana, evidenciando un sistema en ruinas.
Las causas de un colapso anunciado:
La recurrencia de estos hechos apunta a fallos estructurales profundos:
- Parque automotor obsoleto y sin mantenimiento: Los carros fúnebres, muchos de ellos de fabricación soviética o de décadas pasadas, circulan sin el mantenimiento técnico adecuado. Compuertas y mecanismos de sujeción defectuosos son la norma, no la excepción.
- Prácticas improvisadas y peligrosas: Ante la alta demanda y la escasez de vehículos, es común que se transporten más de un féretro a la vez en unidades diseñadas para uno solo, utilizando amarres precarios.
- Crisis de insumos básicos: La falta crónica de recursos se extiende a la industria funeraria. Escasean materiales como madera de calidad, clavos y herramientas, lo que resulta en ataúdes mal construidos, más frágiles y propensos a abrirse ante cualquier golpe.
- Abandono institucional: Las empresas estatales a cargo de estos servicios carecen de presupuesto, repuestos y, en muchos casos, de la supervisión necesaria para garantizar un mínimo de dignidad. Las familias se ven obligadas a gestionar en medio del dolor la logística de una despedida, a menudo teniendo que pagar sumas exorbitantes en el mercado negro o recurrir a soluciones desesperadas.
Una cronología de la indignidad: Episodios recientes que marcan un patrón:
El incidente actual se enmarca en una sucesión de eventos públicamente documentados que pintan un cuadro desolador:
- Junio 2024 (Sancti Spíritus): Un auto fúnebre dejó caer un ataúd, obligando a los familiares a recogerlo del suelo y cargarlo a pulso por la acera para continuar el sepelio.
- Mayo 2024 (Santiago de Cuba): Un féretro cayó en la transitada avenida Victoriano Garzón, quedando tendido en el asfalto. Días después, la escena se repitió en el barrio Mariana de la Torre de la misma ciudad.
- Enero de 2025 (Consolación del Sur, Pinar del Río): La ausencia total de un carro fúnebre disponible forzó a un grupo de personas a cargar el ataúd a hombros y caminar con él hasta el cementerio.
- Incidente paralelo en La Habana: Recientemente, el cuerpo de un hombre fallecido en plena calle de Centro Habana permaneció durante horas a la intemperie, sin ser cubierto ni retirado por las autoridades, ante la mirada de transeúntes y agentes policiales.
La violación de la dignidad humana, más allá de la muerte:
Más allá de la precariedad material, estos hechos representan una profunda violación ética. El respeto a los difuntos y el derecho de las familias a un duelo digno son principios universales que el Estado está obligado a facilitar. La exposición de cadáveres en la vía pública, la manipulación chapucera de los restos y la carga logística adicional sobre los deudos agravan el dolor con el peso de la humillación y el abandono.
El sistema funerario en Cuba ha dejado de funcionar. Su colapso es quizás la metáfora más potente y trágica del deterioro general: ni en el momento final, y en el acto más básico de civilización como es despedir a un ser querido, el Estado es capaz de proveer un mínimo de decoro, recursos y respeto. Los muertos, y los vivos que los lloran, quedan a la intemperie de una crisis que no conoce límites.
Resumen: Un nuevo incidente en el que un féretro cayó de un carro fúnebre, exponiendo el cadáver en la calle, se ha viralizado, evidenciando el colapso total del servicio funerario en Cuba. Este suceso se suma a una larga lista de episodios similares en Sancti Spíritus, Santiago de Cuba, Pinar del Río y La Habana, causados por vehículos en mal estado, prácticas improvisadas y una escasez generalizada de recursos, que violan sistemáticamente la dignidad de los difuntos y sus familias.
Nota: La crisis funeraria es el síntoma último de un Estado fallido en sus obligaciones más básicas, donde la descomposición material alcanza el momento más sagrado y vulnerable de la existencia humana, dejando a la vista la ruina de un sistema que no puede garantizar ni una despedida digna.














