Un joven grave, una ambulancia que nunca llegó y una máquina estatal que huyó: el relato de un siniestro que resume la impunidad en las carreteras de Santiago de Cuba
Un grave accidente de tránsito ocurrido en el poblado de Dos Caminos, Santiago de Cuba, ha trascendido por su brutalidad física y por revelar un inquietante entramado de negligencia, abandono institucional y presunto abuso de poder para encubrir responsabilidades. El periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada dio a conocer el caso, que dejó a un joven motociclista con lesiones graves mientras las autoridades brillaban por su ausencia y los implicados actuaban con impunidad.
La cadena de un desastre evitable:
- La causa inicial: El bache mortal. El accidente se originó cuando un joven motociclista del Consejo Popular Paquito Rosales perdió el control de su vehículo al intentar esquivar un enorme bache que, según vecinos, lleva meses sin reparar y es un peligro conocido en la zona.
- El impacto: Un tractor en la vía contraria. En ese momento de descontrol, un tractor que circulaba invadiendo la senda contraria impactó violentamente contra la moto. Testigos añaden un agravante: el operador del tractor, conocido como “El Nich-e”, conducía presuntamente bajo los efectos del alcohol.
- Primera falla institucional: Ausencia de ambulancia. Tras el choque, con el joven tendido en la vía con graves lesiones en las piernas y otras partes del cuerpo, nunca llegó una ambulancia. Ante la emergencia, vecinos solidarios tuvieron que recaudar dinero para alquilar un vehículo particular y trasladarlo ellos mismos al Hospital Clínico Quirúrgico de Santiago de Cuba.
- Segunda falla y presunto encubrimiento: Ausencia de la policía e influencias. Pero la situación escaló de la negligencia a la presunta corrupción. Tampoco acudió la policía. El tractor involucrado no era cualquiera: transportaba una pipa de agua destinada a un jefe de la Empresa Azucarera «Paquito Rosales», identificado como “Chago”. Según múltiples denuncias vecinales, esta persona, al ver la responsabilidad de su subordinado, utilizó sus influencias para evitar la actuación policial. Incluso, habría ordenado retirar rápidamente la motocicleta accidentada del lugar para borrar evidencias y proteger al conductor del tractor.
Las preguntas que grita una comunidad:
Este caso no es solo un accidente; es un síntoma de una descomposición más profunda que los habitantes de Dos Caminos exigen que se investigue:
- ¿Abandono vial? ¿Quién responde por los baches crónicos que convierten las carreteras en trampas mortales y que son la causa raíz de tantos accidentes?
- ¿Colapso de emergencias? ¿Por qué no hay ambulancias disponibles para atender una emergencia grave en pleno día? ¿Dónde está el servicio de salud móvil?
- ¿Impunidad y abuso de poder? ¿Cómo es posible que una llamada de un funcionario pueda detener el curso de la ley? ¿Por qué la policía, informada del hecho, no se presentó? ¿Las influencias están por encima de la vida y la justicia?
- ¿Opacidad sistemática? ¿Quién investigará el presunto estado de ebriedad del conductor del tractor y la orden de retirar evidencias?
Un joven herido y una herida social abierta:
Mientras el joven afectado lucha por recuperarse de lesiones que pueden marcarlo de por vida, la comunidad de Dos Caminos carga con la indignación de ver cómo la maquinaria del Estado —representada por el tractor de una empresa estatal— atropella, literal y figuradamente, a un ciudadano, y luego la misma maquinaria del poder hace desaparecer las pruebas. Es la narrativa de la doble victimización: primero por el accidente, luego por el sistema.














