El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, advirtió que están preparados para defender su espacio aéreo, tras el rastreo de dos aviones de combate estadounidenses que operaron cerca de sus costas, aparentemente desde el portaaviones USS Gerald Ford.
El gobierno del presidente Nicolás Maduro denunció este viernes un nuevo episodio de tensión con Estados Unidos, acusando a Washington de un «intento de intimidación» mediante el sobrevuelo de aviones de combate cerca de su espacio aéreo soberano. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, realizó las acusaciones durante un acto conmemorativo transmitido por la televisión estatal, en respuesta a la detección de dos cazas F-18 estadounidenses que, según datos del servicio de rastreo Flightradar24, se internaron en el Golfo de Venezuela el pasado martes 9 de diciembre.
«Hemos estado viendo las pretensiones de intimidarnos, acercando vectores aéreos de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos a nuestras costas (…) nosotros aquí con mucha humildad les decimos que no se equivoquen con nosotros, nosotros estamos preparados para defender a este país», declaró Padrino López con tono desafiante. El funcionario sostuvo que este tipo de acciones no lograrán quebrar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ni al pueblo venezolano, y desestimó la operación como un «juego de operaciones psicológicas» que, según él, no surtiría efecto.
De acuerdo con la información recopilada por Flightradar24 y reportada por la agencia EFE, el sobrevuelo ocurrió alrededor de las 12:00 hora local (16:00 GMT) del martes. Los dos aparatos, identificados como F-18 de la variante F (biplaza), penetraron en el espacio aéreo sobre las aguas del Golfo de Venezuela, a unos 160 kilómetros al noreste de Maracaibo, la segunda ciudad más importante del país. Los aviones permanecieron en la zona aproximadamente 40 minutos, realizando maniobras en forma de «tirabuzón» o patrulla circular, antes de virar con rumbo norte hacia un punto situado a unos 50 kilómetros al oeste de la isla de Aruba.
La trayectoria y el punto de retorno sugieren fuertemente que los cazas despegaron y regresaron al portaaviones USS Gerald Ford, el buque insignia y más avanzado de la armada estadounidense, que se encuentra desplegado en la región del Caribe. El Pentágono trasladó esta poderosa unidad de combate hace varias semanas, sumándola a un contingente masivo que Washington mantiene en el área desde finales de agosto, y que representa su mayor despliegue militar en la región en décadas.
La justificación oficial estadounidense para esta presencia es la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional. Sin embargo, el gobierno de Caracas la interpreta de manera diametralmente opuesta: como una amenaza militar directa y una muestra de fuerza destinada a propiciar un cambio de gobierno en Venezuela, mediante la presión y la demostración de capacidad de intervención.
El sobrevuelo del martes no fue un incidente aislado, sino que se enmarca en una espiral de acciones recíprocas entre ambos países. Al día siguiente, el miércoles 10 de diciembre, la administración del presidente Donald Trump ordenó la intercepción y confiscación de un buque petrolero cerca de aguas venezolanas. El gobierno de Maduro calificó el acto como un «robo». Según informó The New York Times, el petrolero, identificado como «Skipper» y que navegaba con una bandera falsa, fue incautado por orden de un juez federal estadounidense debido a sus vínculos previos con el contrabando de petróleo iraní (sancionado por EE.UU.), aunque en esta ocasión transportaba crudo venezolano.
La combinación del despliegue naval masivo, los sobrevuelos de combate cerca del espacio aéreo y la incautación de buques petroleros configura un escenario de alta tensión y prueba de fuerzas en el Caribe. Para Venezuela, cada una de estas acciones es presentada como un acto de agresión y una violación de su soberanía, destinado a desestabilizar al régimen. Para Estados Unidos, son operaciones legales y de disuasión dentro de su estrategia de presión máxima contra un gobierno que considera ilegítimo y cómplice de actividades ilícitas.
Las declaraciones del ministro Padrino López reflejan la postura de firmeza y alerta máxima que ha adoptado Caracas. Su mensaje, dirigido tanto a una audiencia interna como a Washington, busca proyectar fortaleza y capacidad de respuesta, incluso frente a la abrumadora superioridad tecnológica y militar de su adversario. Este nuevo capítulo de fricción aérea y marítima sugiere que la confrontación entre ambos países, lejos de apaciguarse, continúa escalando en el teatro militar y diplomático del Caribe, con el riesgo latente de un mal cálculo o un incidente que pueda derivar en una crisis mayor.
Resumen: Venezuela denunció que dos aviones de combate F-18 estadounidenses realizaron un sobrevuelo de 40 minutos en el Golfo de Venezuela, cerca de Maracaibo, en lo que calificó como un «intento de intimidación». El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, advirtió que están preparados para defender su espacio aéreo. Los cazas aparentemente operaban desde el portaaviones USS Gerald Ford, parte de un masivo despliegue militar de EE.UU. en el Caribe. El incidente se suma a la incautación de un petrolero con crudo venezolano por parte de EE.UU. un día después, intensificando la tensión bilateral en la región.














