En un sorprendente movimiento diplomático, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, se inmiscuyó en la disputa geopolítica por Groenlandia al definirla como una «conquista colonial» de Dinamarca, desmarcándose de las acusaciones estadounidenses sobre ambiciones rusas o chinas. Esta declaración, junto con los comentarios del presidente Vladimir Putin, que valoró la isla en 1.000 millones de dólares, añade una capa inesperada al viejo interés del expresidente Donald Trump por adquirir el territorio.
Lavrov redefine el estatus de Groenlandia: de colonia a «conquista colonial»
Durante su tradicional rueda de prensa de inicio de año, Serguéi Lavrov realizó una inusual lección de historia que resonó en el debate internacional sobre Groenlandia. El canciller ruso argumentó que la isla más grande del mundo «no es una original de Dinamarca», sino el resultado de un proceso colonial.
Lavrov recordó su trayectoria histórica: colonia noruega hasta el siglo XII, posesión danesa desde el XIX, y su incorporación formal a Dinamarca «no como una colonia» recién a mediados del siglo XX. «Otra cosa es que los habitantes se hayan acostumbrado o se sientan ahora cómodos», matizó, en una declaración que cuestiona indirectamente la soberanía danesa desde una perspectiva histórica.
Rusia se desmarca: «No es asunto nuestro» y niega planes de expansión
Frente a las recurrentes acusaciones del expresidente Donald Trump, quien ha argumentado que la compra de Groenlandia por parte de EE.UU. es necesaria para contener las supuestas ambiciones de Rusia y China, Lavrov fue categórico en su desvinculación:
- Negación rotunda: «No tenemos nada que ver con los planes de apoderarse de Groenlandia».
- Seguridad en el conocimiento: «No me cabe la menor duda de que Washington sabe que ni Rusia ni la República Popular China tenemos tales planes».
- Falta de interés: «No es asunto nuestro», sentenció, añadiendo con ironía que muchos rusos ni siquiera conocían la isla hasta que saltó a los titulares.
Putin respalda, niega oposición y pone precio a Groenlandia
El presidente Vladimir Putin respaldó la línea de su canciller desde el Consejo de Seguridad de Rusia. Negó nuevamente las acusaciones de Trump y aseguró que Rusia no se opondría a un eventual control estadounidense: «Lo que ocurre en Groenlandia no nos concierne en absoluto».
Sin embargo, Putin fue más allá en su análisis histórico, coincidiendo con la visión colonial de Lavrov: «Dinamarca siempre ha tratado a Groenlandia como una colonia y ha sido bastante dura, por no decir cruel, con ella». A renglón seguido, realizó un cálculo económico peculiar:
- Recordó la venta de Alaska por Rusia a EE.UU. en 1867 por 7.2 millones de dólares.
- Aplicando un ajuste por inflación y valor comparativo, estimó que el precio actual de Groenlandia sería de alrededor de 1.000 millones de dólares.
- Concluyó, casi en tono de sugerencia, que se trata de una cantidad que Estados Unidos «puede permitirse».
Lista de Puntos Clave de la Postura Rusa
- 🏝️ Definición: Rusia califica a Groenlandia de «conquista colonial» danesa, no parte orgánica de Dinamarca.
- 🚫 Desinterés declarado: Ambos, Lavrov y Putin, niegan rotundamente cualquier intención rusa o china de apoderarse de la isla.
- 🇺🇸 Posición frente a EE.UU.: Rusia no se opondría a que Estados Unidos controle Groenlandia, según Putin.
- 💵 Valoración: Putin estima el valor de mercado de la isla en 1.000 millones de dólares, en base a la venta histórica de Alaska.
- 🎯 Objetivo tácito: Las declaraciones refutan la justificación de Trump (la amenaza rusa) para comprar la isla, al tiempo que legitiman la crítica a la soberanía danesa.
Conclusión: Una jugada geopolítica con múltiples lecturas
La intervención rusa en el debate sobre Groenlandia es una maniobra diplomática de doble filo. Por un lado, desactiva una de las principales justificaciones estadounidenses (la contención de Rusia) para interferir en el territorio, negando cualquier interés propio. Por otro lado, al enfatizar el estatus colonial, debilita la posición moral y legal de Dinamarca como soberana, introduciendo un elemento de deslegitimación histórica que podría resonar en foros internacionales.
Al poner un precio sobre la mesa, Putin convierte una discusión geopolítica abstracta en una transacción terrenal, casi burlándose del interés de Trump y reduciendo la soberanía a una cuestión monetaria. En conjunto, Rusia se posiciona no como un contendiente por la isla, sino como un actor que redefine las reglas del debate desde fuera, complicando el tablero para ambos, Dinamarca y Estados Unidos.
Nota: Más que un interés real en Groenlandia, las declaraciones de Lavrov y Putin parecen una astuta maniobra de desinformación y reposicionamiento geopolítico. Buscan minar la narrativa de sus adversarios (tanto la danesa como la estadounidense) sin comprometerse a nada, demostrando una vez más que en la alta diplomacia, las palabras sobre el pasado pueden ser un arma para influir en el presente.














