Trabajadores acusan al director Jorge «Pepe» González de gastos excesivos en su camioneta y pagos a particulares, mientras falta hasta lo básico como aceite, papel o guantes para operar. Una asesora lo defiende en redes mostrando una falsa normalidad.
Una extensa y detallada denuncia anónima de trabajadores pinta un cuadro de desmoronamiento y supuesta corrupción en la Fábrica de Conservas de Yara, en Granma. Los empleados relatan haber comenzado el año en una situación «caótica», sin materias primas para producir y con incertidumbre sobre sus salarios, mientras acusan al director de desviar los escasos recursos hacia gastos personales y de imagen, en complicidad con una asesora que promueve en redes sociales que «todo anda bien».
La Crisis Productiva: Parálisis Total y Falta de lo Más Elemental
El núcleo de la denuncia es el colapso operativo de la fábrica:
- Sin materias primas para trabajar y sin «contenidos de trabajo», lo que deja a los obreros sin labores productivas y angustiados por «cómo van a pagar la jaba» (la canasta básica).
- La falta de gestión ha paralizado el transporte interno: solo hay un montacargas y con problemas.
- El departamento de mantenimiento carece de los insumos más básicos: no hay dinero para comprar aceites, grasas, electrodos, piezas de repuesto, ni «ni para teipe (cinta aislante)».
- Los trabajadores carecen de equipamiento de protección: no hay botas, ropa de trabajo, guantes reforzados ni de goma.
- La escasez llega a niveles administrativos: ni siquiera hay papel para hacer etiquetas o informes.
Las Acusaciones al Director: Gastos Suntuarios y Desvío
Frente a esta penuria, los denunciantes señalan con nombre propio al director, Jorge Fidel González Dacal, apodado «Pepe el Burro», de realizar gastos excesivos que drenan las utilidades de la empresa:
- Gastos excesivos en el arreglo de su camioneta particular, un ítem que aparece recurrentemente en las quejas.
- Pagos a trabajadores particulares, MIPYMES y a la CCSF Floro Pérez de Holguín, donde —según la denuncia— recibe beneficios a través de sus contactos (Fredy y su esposa), existiendo «facturas y los pagos» que lo demuestrarían.
- Estos gastos, alegan, limitan el pago por resultados a los trabajadores y no generan producción alguna para la fábrica.
La Máquina de Propaganda: Una Asesora que «Finge que Todo Está Bien»
Los denunciantes señalan una estrategia paralela para ocultar la crisis. Apuntan a Ofelia González, presentada como comunicadora y asesora del control interno, de ser la encargada de proyectar una imagen falsa.
- A través de su perfil en redes sociales, se «jacta» y simula que todo funciona correctamente, en complicidad con el director.
- Alegan que es una persona «beneficiada» y «bien atendida» por «Pepito», que durante sus visitas a la fábrica carga «grandes cantidades de productos para beneficios particulares», razón por la cual «tiene que defenderlo».
El Descontento General y la Impotencia
La denuncia se extiende a otros responsables, como el jefe de mantenimiento que «se jacta de hablar que todo está garantizado» cuando no es así, y a los directivos que «mandan a los obreros para la casa sin salarios, sin embargo ellos cobran el mes completo».
El tono final es de «decepción». Los trabajadores ven cómo se pierden oportunidades de compra de motores, neumáticos y otros insumos críticos porque no hay dinero, mientras se exigen «esfuerzos» y «sacrificios» sin ofrecer siquiera condiciones para desayunar o almorzar. La pregunta que lanzan al aire es contundente: «¿por qué se engaña al país? ¿Hasta cuándo se va a seguir permitiendo que sigan pasando estas cosas?».
Resumen: Trabajadores de la Fábrica de Conservas de Yara denuncian estar paralizados por falta total de materias primas e insumos básicos, mientras el director, Jorge «Pepe» González, realiza gastos excesivos en su camioneta y pagos a entidades particulares. Acusan a una asesora, Ofelia González, de crear una falsa imagen de normalidad en redes sociales. La falta de gestión impide compras esenciales y deja a los obreros sin salarios, generando un clima de decepción e impotencia.
Nota: Esta denuncia es un microcosmos de los males que aquejan a la industria estatal cubana: parálisis productiva, gestión inepta, desvío de recursos hacia fines personales o clientelares, y una doble moral donde la propaganda oficial niega la realidad que sufren los trabajadores. El caso de Yara no es solo sobre una fábrica que no funciona, sino sobre un sistema de opacidad y privilegios que sacrifica el sustento de los obreros y la producción del país.














