Anciano despojado de su vivienda por su sobrina en La Sal de Veguitas vive en un rancho de desahogo: «Nicanor pide a gritos que alguien le devuelva la vida que le robaron»

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Nicanor Ramírez, un anciano de la comunidad La Sal de Veguitas, en Yara, Granma, fue despojado de su vivienda por su sobrina Esperanza Ramírez después de la muerte de su hermano. Vive en un rancho de desahogo con un camastro, camina más de 2 kilómetros a pie para alimentarse, y su única yegua fue robada. Una carta al Consejo de Estado llegó a Granma hace más de un año, pero nadie ha hecho nada. La Fiscalía y la Policía de Yara le dijeron que «no podían hacer nada». Su caso es un símbolo del abandono de los ancianos en Cuba.

Un caso desgarrador desde La Sal de Veguitas, en el municipio Yara, Granma, ha llegado a nuestra redacción. Nicanor Ramírez, conocido como «Nica», un anciano que perdió a sus padres y luego a su hermano, fue despojado de su vivienda por su propia sobrina, Esperanza Ramírez. Hoy vive en un rancho de desahogo con un camastro, camina más de dos kilómetros a pie para alimentarse, y su única yegua fue robada hace días. Una carta que envió al Consejo de Estado llegó a Granma hace más de un año, pero nadie ha actuado.

El despojo: una sobrina que se adueñó de todo

La publicación que ha llegado a nuestra redacción relata:

«Después de la pérdida de sus padres, le tocó quedarse con su hermano. Se cuidaban entre sí».

«Hace algunos años el hermano se enferma y viene a cuidarlo una hija».

«Cuando este fallece, la hija no regresa a su casa, adueñándose de todo lo que le pertenecía al pobre anciano, dejándolo sin derecho a la casa y a sus comodidades».

La vida actual: un rancho de desahogo

El anciano vive en condiciones infrahumanas:

«Este anciano vive en un rancho de desahogo con tan solo un camastro para poder descansar».

«Para alimentarse tiene que caminar más de 2 kilómetros a pie».

«Todo esto lo hace a pie, pues el único medio de transporte que tenía para ayudarse, hace algunos días se lo robaron: era una yegua».

«Este señor está enfermo y camina con dificultad, y tiene que ir paso por paso».

Las autoridades: nadie hace nada

La publicación describe los intentos de buscar justicia:

«Le llevé personalmente una carta al Consejo de Estado y de Ministros para ver si alguien podía devolverle la vida que le habían robado».

«Llegó la carta a Granma para que le dieran solución a esto. Hace más de un año y aún está esperando».

«Casi sin poder caminar fue personalmente a la Fiscalía y a la Policía de Yara, y le dijeron que ellos no podían hacer nada».

El contexto: Yara, un municipio en crisis

Esta denuncia se produce en el contexto de múltiples escándalos de corrupción en Yara que han salido a la luz en las últimas semanas. El 23 de marzo, este medio publicó una denuncia sobre la red de desvío de arroz de la cooperativa Benilde Orozco, que involucra al intendente Lázaro Gómez y a la exsecretaria del PCC Niurka Alarcón . El 24 de marzo, se denunció que paneles solares destinados a médicos fueron desviados por el director municipal de Salud, con la complicidad de las autoridades .

En medio de estos escándalos millonarios, Nicanor Ramírez, un anciano de 80 años, espera que alguien le devuelva su casa. Las autoridades que deberían protegerlo —Fiscalía, Policía— le dicen que «no pueden hacer nada».

Las pruebas

La denuncia incluye una fotografía del anciano en su situación actual.

Resumen:

Nicanor Ramírez, anciano de La Sal de Veguitas, Yara, Granma, fue despojado de su vivienda por su sobrina Esperanza Ramírez tras la muerte de su hermano. Vive en un rancho de desahogo con un camastro, camina más de 2 km para alimentarse y su única yegua fue robada. Una carta al Consejo de Estado llegó a Granma hace más de un año sin resultado. La Fiscalía y la Policía de Yara le dijeron que no podían hacer nada.

Conclusión:

El caso de Nicanor Ramírez es un ejemplo de la crueldad que se esconde detrás de las grandes cifras de corrupción. Mientras las autoridades investigan desfalcos millonarios y redes de desvío de arroz, un anciano de 80 años vive en un rancho de desahogo, camina kilómetros con dificultad para conseguir comida, y lo único que recibe de las instituciones es un «no podemos hacer nada».

La Fiscalía de Granma, que según denuncias recientes está investigando a la cooperativa Benilde Orozco por un desfalco de 50 millones de pesos , ¿no tiene recursos para atender el caso de un anciano despojado? La Policía de Yara, que según otra denuncia investiga la venta de techos organizada por la intendente de Guisa , ¿no puede hacer nada ante un despojo evidente?

Nicanor no pide millones. Pide que le devuelvan su casa. Pide poder dormir en una cama, no en un camastro. Pide que alguien, en alguna institución, tenga el valor de enfrentar a su sobrina y hacer justicia. Ojalá que su grito, publicado aquí, llegue a quien pueda tenderle la mano. Mientras tanto, sigue caminando paso por paso.

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