Los buques anfibios USS Iwo Jima y USS San Antonio, claves en la operación, son desplazados al norte de la isla en un movimiento estratégico cargado de mensajes para la región.
Tras la ejecución de la audaz operación militar que culminó con la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, Estados Unidos ha iniciado un reposicionamiento táctico de su poderío naval en el Caribe. En un gesto cargado de simbolismo y advertencia, dos de los buques más involucrados en la incursión han sido trasladados a aguas cercanas al norte de Cuba, manteniendo una capacidad de intervención rápida mientras la administración Trump evalúa sus próximos pasos en Venezuela.
El Movimiento Estratégico: De la Acción a la Vigilancia
Según reportes de The Washington Post, los buques de asalto anfibio USS Iwo Jima y USS San Antonio han sido reubicados en el Atlántico, frente a la costa norte de Cuba. Este movimiento se produce mientras el grueso del contingente militar estadounidense en el Caribe comienza una retirada parcial, lo que sugiere una transición a una fase de presión menos visible pero igualmente significativa.
- Ambas unidades permanecen bajo el mando operacional del Comando Sur de EE.UU., listas para ser redirigidas en cualquier momento.
- Un funcionario de defensa declaró que su misión principal (la captura) «ha sido completada», pero que el dispositivo sigue «equilibrando prioridades de seguridad nacional».
Buques de Alta Capacidad Ofensiva
Los navíos trasladados no son meros patrulleros; son plataformas de proyección de poder:
- Son unidades de asalto anfibio capaces de desplegar infantería de marina, aeronaves y equipamiento militar pesado.
- El USS Iwo Jima jugó un rol directo en la operación, sirviendo como plataforma de traslado para Maduro después de su captura en suelo venezolano por fuerzas especiales (Fuerza Delta), antes de ser conducido a Nueva York para enfrentar cargos.
Un Mensaje para La Habana y el Control del Caribe
Analistas interpretan este posicionamiento como un mensaje estratégico directo al gobierno cubano, aliado histórico del chavismo y considerado por Washington un actor hostil en la región. Mantener capacidades anfibias de alto nivel a pocas millas de la isla es una demostración de fuerza y una advertencia silenciosa.
Aunque el número total de tropas estadounidenses en la región ha disminuido «en unos pocos miles», dejando una fuerza estimada de 12,000 efectivos, la presencia naval y aérea de respuesta rápida se mantiene.
- Un funcionario del Pentágono aclaró que cualquier posible despliegue terrestre en Venezuela sería «temporal» y se centraría en proteger infraestructura petrolera, opción que Trump no ha descartado.
- Se ha confirmado el retiro de algunos recursos aéreos especializados usados en la operación, como los aviones CV-22 y MC-130.
La Magnitud del Operativo Original Revelada
La escala de la incursión que permitió la captura de Maduro fue descomunal. El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, reveló que involucró más de 150 aeronaves lanzadas desde 20 puntos distintos, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford, desde el cual operaron cazas F-18 y EA-18.
Este despliegue fue el clímax de una acumulación militar progresiva en el Caribe que comenzó en el verano, e incluyó un bloqueo naval contra petroleros venezolanos sancionados, con varias intercepciones confirmadas.
Resumen: Tras la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos ha reubicado los buques anfibios USS Iwo Jima y USS San Antonio cerca de la costa norte de Cuba, bajo el mando del Comando Sur. Este movimiento, mientras se reduce parcialmente el contingente en el Caribe, es visto como una advertencia estratégica al gobierno cubano y una forma de mantener una capacidad de intervención rápida en la región, mientras la administración Trump considera futuras acciones en Venezuela.
Nota: El reposicionamiento de estas unidades navales convierte a las aguas frente a Cuba en un nuevo punto focal de la estrategia hemisférica de EE.UU. Lejos de significar una desescalada, ilustra una recalibración hacia una presencia de largo aliento, más discreta pero militarmente potente, que mantiene a la región bajo una vigilancia estrecha y redefine los términos de la presión geopolítica en el Caribe.














