El local, punto de encuentro de generaciones, sucumbe ante la inflación y los cambios económicos; clientes y propietarios se despiden con nostalgia.
El centro de Miami pierde uno de sus espacios más queridos y con mayor historia: Las Palmas Restaurant, referente de la comunidad durante 45 años, cerró definitivamente sus puertas este viernes 14 de noviembre. Ubicado en el 209 SE First Street, este modesto restaurante con solo 33 asientos al aire libre fue durante décadas punto de encuentro de oficinistas, conductores, turistas y residentes del downtown.
A través de un mensaje en redes sociales, los propietarios actuales —la familia Magalhães— anunciaron el fin de una etapa: “¡Eso fue todo, amigos! Después de 45 años sirviendo a la comunidad del Downtown de Miami, 9 de ellos bajo nuestra administración, ha llegado el día en que debemos cerrar nuestras puertas por última vez”.
Bajo su gestión, Las Palmas mantuvo un fuerte compromiso social: “Hemos podido hacer tantas cosas: dar de comer a personas sin hogar, recaudar fondos para víctimas de desastres naturales, ayudar a niños con enfermedades terminales”, recordaron.
Mario Ferrari Magalhães, quien junto a su madre Carla dirigía el local, explicó que la decisión respondió a un escenario económico insostenible: “Se produjeron enormes aumentos en el precio de todo, desde la carne hasta los huevos, y cambios en las políticas comerciales y los aranceles que no favorecieron a un pequeño negocio familiar”.
Aunque en las últimas semanas las ventas repuntaron notablemente, no fue suficiente para compensar el alza de costos, la caída de clientes en verano y las dificultades para afrontar el alquiler.

El restaurante, que sirvió durante casi medio siglo café cubano, sándwiches y platos caseros a precios accesibles, también fue testigo de transformaciones urbanas y culturales en una zona cada vez más dominada por grandes cadenas y alquileres elevados.
Clientes como Mari Acero, empleada de Club Space, expresaron su tristeza: “Es un lugar muy acogedor y de gestión familiar. Ya no quedan muchos sitios así por aquí”.
Carla Ferrari Magalhães, de 65 años, cerró esta etapa con gratitud y cansancio: “Voy a extrañar el centro. He vivido aquí más de 35 años y me encanta. ¡Pero estoy cansada! Y mi hijo tiene que labrarse su propio camino”.
Con el cierre de Las Palmas, Miami despide no solo un restaurante, sino un símbolo de comunidad, resistencia e identidad local que quedará grabado en la memoria de quienes lo hicieron suyo.














