Una historia de resiliencia, solidaridad y un llamado a la responsabilidad en medio de la adversidad.
La imagen de un hombre sonriente, sin sus dos brazos, pero con una luz de esperanza en los ojos, ha conmovido hasta lo más profundo a la sociedad cubana. Osmani Hernández Padroza, un liniero eléctrico de 35 años, ha reaparecido públicamente tras sufrir un devastador accidente laboral en septiembre pasado en el municipio habanero de San Miguel del Padrón.
Su reaparición, compartida a través de las redes sociales por el creador digital Alexander Ríos Cruz, desató inmediatamente una ola de mensajes de aliento, admiración y solidaridad que trascendió el hecho mismo, convirtiéndolo en un símbolo de fortaleza inquebrantable.
El dramático episodio ocurrió el 12 de septiembre en la calle Pepe Prieto. Según relatos de testigos, Osmani recibió una severa descarga eléctrica que lo dejó colgado del poste, convulsionando y en estado crítico, hasta que un grupo de vecinos valientes logró bajarlo y trasladarlo de urgencia en un vehículo particular al Hospital Miguel Enríquez, en una muestra más de cómo la ciudadanía suple las ausencias estatales.
El diagnóstico final fue desgarrador: quemaduras tan severas e irreversibles en ambos brazos que la amputación fue la única opción. Sin embargo, desde su lecho de hospital, Osmani envió un mensaje que dejó una huella imborrable: sereno y consciente, pidió tranquilidad a su madre, afirmando que, aunque perdería los brazos, conservaba lo más importante: la vida.
La actitud de Osmani frente a la tragedia se convirtió en un ejemplo palpable de coraje. Mientras la Empresa Eléctrica de La Habana emitía comunicados asegurando que el trabajador contaba con todo lo necesario para su recuperación y elogiaba al sistema de salud, surgieron voces que contradecían esta versión.
Su expareja, Gretel Aparicio, denunció que la familia tuvo que recurrir a la solidaridad popular para conseguir elementos básicos como vendas y medicamentos, revelando la brecha entre las promesas institucionales y la realidad. Esta contradicción reavivó el debate sobre las precarias condiciones laborales de los trabajadores eléctricos en la isla y la crisis de un sistema sanitario públicamente reconocido como colapsado.
La publicación más reciente de Alexander Ríos Cruz, acompañada de la foto de Osmani con su sonrisa optimista, resume el sentir de un pueblo: «Aquí está Osmani: el electricista, el liniero, el campeón de la vida. El que nunca se rindió y enfrentó con gran fuerza cada desafío».
Los cientos de comentarios que inundaron las redes están cargados de un profundo respeto y cariño, llamándolo «guerrero», «ejemplo» y «símbolo de heroísmo». Muchos celebraron que conservara la vida y resaltaron su valentía, mientras otros expresaron el deseo de que reciba ayuda internacional, incluyendo prótesis para mejorar su calidad de vida.
La historia de Osmani supera la tragedia individual para erigirse como un poderoso recordatorio de que la vida, con todas sus cicatrices, merece ser vivida con plenitud, y su sonrisa se ha convertido en un llamado silencioso pero elocuente a la responsabilidad institucional y a la solidaridad humana.














