Las autoridades sanitarias reconocen una «alta complejidad» epidemiológica, pero la opacidad en los datos y la respuesta oficial basada en consignas generan desconfianza.
La provincia de Las Tunas inició una campaña de fumigación masiva en un intento por contener la expansión del mosquito Aedes aegypti, vector de enfermedades como el dengue y el chikungunya, en medio de un escenario epidemiológico que las autoridades han calificado de «alta complejidad sanitaria».
La doctora Yumara Acosta García, directora en funciones de Salud en la provincia, reconoció la circulación activa del chikungunya y un «incremento notable» de los síndromes febriles en las últimas tres semanas. La campaña priorizará los municipios de Las Tunas, Puerto Padre, Majibacoa y Jobabo, considerados los más afectados.
Sin embargo, esta medida se enmarca en un contexto nacional de hermetismo informativo y un sistema sanitario desbordado. A pesar de que el régimen cubano ha terminado por reconocer la gravedad del brote –con reportes de 38 municipios con transmisión activa de dengue y más de 21,000 casos de chikungunya–, la respuesta oficial ha sido criticada por priorizar la propaganda sobre la gestión transparente y efectiva.
El presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que se trabajará esta epidemia «como mismo se trabajó la COVID-19», una comparación que genera inquietud en la población dada la opacidad y el caos que caracterizaron el manejo de la pandemia. Mientras las autoridades insisten en culpar a la «indisciplina poblacional» y hablan de «ciencia revolucionaria», los hospitales enfrentan carencias críticas de insumos y la ciudadanía desconfía de las cifras oficiales, en una crisis que evidencia el colapso de un sistema de salud agotado.














