El cierre de este centro materno-infantil estratégico obliga a embarazadas y pacientes a traslados de alto riesgo y aumenta el peligro de mortalidad materna.
La conductora y actriz Laritza Camacho se ha sumado a las voces de alarma por el cierre del Hospital Ginecobstétrico “La Fátima” en Guanabacoa, un centro de salud que durante décadas ha sido vital para la atención materno-infantil en el este de La Habana. La decisión, tomada sin una justificación pública ni transparencia, afecta a más de 340.000 habitantes de la zona y ha generado preocupación por el aumento del riesgo sanitario para embarazadas y neonatos.
Según un análisis técnico y demográfico presentado por la periodista Alina González, la desaparición de “La Fátima” deja a una amplia región —con extensas áreas rurales y asentamientos dispersos— prácticamente dependiente de un único acceso hacia otros hospitales capitalinos: el Túnel de la Bahía. Esto implica que las pacientes con emergencias obstétricas deben enfrentar traslados que duplican o triplican los tiempos médicamente recomendados, incrementando de forma crítica el riesgo de mortalidad materna y complicaciones neonatales.
Las guías internacionales establecen que retrasos superiores a 15-30 minutos en emergencias obstétricas elevan significativamente los riesgos clínicos. En este contexto, la dependencia de una única vía de acceso convierte cada traslado en una situación de alto riesgo estructural.
Camacho destacó que el personal de “La Fátima” había trabajado de manera incansable, incluso confeccionando sábanas y adaptando recursos para mantener la atención, esfuerzos que ahora parecen ignorados. Además, el hospital cumplía una función clave al descongestionar otros centros de la red provincial.
Usuarias como Margarita Beltrán Laza recuerdan que, sumado al cierre de “La Fátima”, también han cesado servicios en el hospital “América Arias” (conocido como Maternidad de Línea), dejando operativos solo tres hospitales con servicios completos para toda La Habana: Hijas de Galicia, Sagrado Corazón y Maternidad Obrera.
Ante el colapso del transporte público y la falta de ambulancias, no sería descabellado —advierte Camacho— que se multipliquen los partos en ómnibus o vehículos improvisados en ruta hacia los centros médicos.
La comunidad exige a las autoridades que reconsideren el cierre o, en su defecto, implementen alternativas que garanticen una atención oportuna y segura. Como concluye Laritza Camacho, “se trata de un problema de todos”, donde detrás de cada cifra hay vidas que dependen de decisiones responsables.














