Pacientes de Guisa denuncian red de corrupción con medicamentos: médicos dan recetas a amigos y familiares mientras los necesitados se quedan sin tratamiento

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Ciudadanos del municipio Guisa, Granma, denuncian que los medicamentos que llegan a las farmacias no llegan a los pacientes necesitados. Señalan que los médicos de la familia «están cogiendo las recetas para ellos» y que la psiquiatra de adultos da las recetas de ansiolíticos (Amitriptilina, Diazepam, Alprazolam) a «sus amigos y familiares». «Es insoportable lo que vive el pueblo de Guisa», afirman. «Los pacientes no se enteran cuando llegan los medicamentos, y cuando van a la farmacia ya no hay.»

Ciudadanos del municipio Guisa, en la provincia Granma, han contactado a nuestra redacción para denunciar una situación que califican de «insoportable»: la corrupción generalizada en la distribución de medicamentos, que deja a los pacientes necesitados sin acceso a tratamientos esenciales.

El testimonio describe un sistema donde los fármacos no llegan a quienes más los necesitan, sino a los amigos y familiares de los médicos.

«Hoy me toca denunciar ante ustedes la situación que se está viviendo en Guisa con los medicamentos en las farmacias.»

Los hechos: medicamentos que llegan pero desaparecen

Los denunciantes describen un patrón que se repite «mes por mes»:

«Los medicamentos no llegan a los pacientes necesitados. En los consultorios, los médicos de la familia dan las recetas a sus amigos y cuando los pacientes que necesitan los medicamentos van, ya no hay recetas.»

La denuncia es clara: existe una red de favoritismos donde los médicos deciden quién merece ser tratado y quién no, basándose en relaciones personales, no en la necesidad clínica.

«Por otra parte, los médicos están cogiendo las recetas de los medicamentos para ellos y no les dan a los pacientes.»

El negocio con los medicamentos

Los vecinos afirman que la situación ha trascendido la falta de ética para convertirse en un negocio ilícito:

«Es un negocio lo que se vive en el municipio Guisa con los medicamentos.»

El mecanismo es difícil de probar para un paciente común, pero los denunciantes plantean una pregunta lógica:

«Los pacientes no se enteran cuando llegan los medicamentos. Sin embargo, cuando el paciente va a la farmacia ya no hay. ¿Cómo es posible que si los pacientes no se enteran de cuándo llega el medicamento, cuando van a la farmacia ya no hay?»

La única explicación, según los vecinos, es que hay una filtración de información y una red de complicidad que permite que los medicamentos sean desviados antes de que los pacientes puedan acceder a ellos.

Los medicamentos psiquiátricos: un caso particularmente grave

Uno de los puntos más alarmantes de la denuncia se refiere a los medicamentos controlados, esenciales para pacientes con trastornos de salud mental:

«El medicamento asignado por Psiquiatría es difícil de obtener. Cuando entra la Amitriptilina, el Diazepam y el Alprazolam, es difícil obtener una receta porque cuando llega a la farmacia se desaparecen las recetas.»

La Amitriptilina es un antidepresivo. El Diazepam y el Alprazolam son ansiolíticos de uso controlado, utilizados para tratar trastornos de ansiedad, pánico y otros problemas de salud mental. La falta de acceso a estos medicamentos puede tener consecuencias devastadoras para los pacientes que dependen de ellos.

La psiquiatra de adultos: «da las recetas a sus amigos y familiares»

Los denunciantes señalan directamente a la profesional responsable:

«Las recetas que son asignadas por psiquiatría les son dadas a las amistades de la psiquiatra de adultos. Es insoportable lo que vive el pueblo de Guisa. Los pacientes necesitan los medicamentos ansiolíticos y sedantes y la facilitadora de psiquiatría le da las recetas a sus amigos y familiares.»

La denuncia es extraordinariamente grave. Una médica psiquiatra tiene en sus manos la salud mental de sus pacientes. Si está desviando los medicamentos controlados hacia sus allegados, está poniendo en riesgo la vida de quienes realmente los necesitan.


El contexto: crisis de medicamentos y denuncias de corrupción en Granma

La denuncia de Guisa se inscribe en un contexto más amplio de crisis de medicamentos en Cuba y denuncias de corrupción en el sector de la salud en la provincia de Granma.

Escasez generalizada de medicamentos:

Cuba enfrenta una crisis humanitaria en el acceso a medicamentos. La falta de divisas, el bloqueo estadounidense y los problemas de producción nacional han provocado desabastecimiento crónico de fármacos esenciales, incluidos los psicofármacos.

Denuncias de corrupción en el sector salud en Granma:

En abril de 2026, un ciudadano de Manzanillo denunció que el servicio de nefrología estaba paralizado porque el gobierno municipal se había apoderado del combustible destinado a trasladar a los pacientes. En el mismo municipio, pacientes del hospital Celia Sánchez denunciaron que «ni comida tienen».

En Bayamo, la directora de la agencia Viajero, Elba Torres, fue denunciada por vender pasajes a precios abusivos a pacientes que necesitaban viajar por razones médicas.

En Yara, vecinos denunciaron la doble moral de una exdirectora universitaria que critica al imperialismo mientras su hijo vive en Estados Unidos.

El patrón se repite: los recursos del Estado no llegan a los más necesitados. Los funcionarios y profesionales de la salud deciden quién recibe y quién no, basándose en amistades, familiares y, presumiblemente, pagos ilegales.


«Es insoportable lo que vive el pueblo de Guisa»

Los denunciantes cierran su testimonio con una frase que resume la desesperación de los pacientes:

«Es insoportable lo que vive el pueblo de Guisa.»

Un paciente que necesita un ansiolítico para controlar un trastorno de ansiedad no puede esperar semanas o meses a que la psiquiatra decida darle una receta. Un paciente con depresión no puede permitirse que la Amitriptilina se desvíe hacia los «amigos y familiares» de la médica.


Resumen:

Ciudadanos de Guisa, Granma, denuncian una red de corrupción en la distribución de medicamentos. Afirman que los médicos de la familia dan las recetas a sus amigos, y que cuando los pacientes necesitados acuden, «ya no hay recetas». Señalan que los médicos «están cogiendo las recetas para ellos». En el caso de los medicamentos psiquiátricos (Amitriptilina, Diazepam, Alprazolam), denuncian que la psiquiatra de adultos «da las recetas a sus amigos y familiares». «Los pacientes no se enteran cuando llegan los medicamentos, y cuando van a la farmacia ya no hay», concluyen. «Es insoportable lo que vive el pueblo de Guisa.»


Nota final:

Los pacientes de Guisa que necesitan ansiolíticos o antidepresivos no son números. Son personas con trastornos de ansiedad, con depresión, con problemas de pánico. Son personas que sufren. Y cuando la psiquiatra de adultos decide dar las recetas de Alprazolam o Diazepam a sus amigos y familiares, está condenando a sus pacientes a seguir sufriendo.

Los médicos de la familia que dan las recetas a sus amigos no están ejerciendo la medicina. Están ejerciendo el favoritismo. Están decidiendo quién vive y quién sufre basándose en relaciones personales, no en la necesidad clínica.

Los denunciantes han dicho que «es un negocio». Si es así, es un negocio con la salud de los guiseros. Y los que más sufren son los más vulnerables: los pobres, los que no tienen «amigos» médicos, los que no tienen familiares en el sistema.

Las autoridades del Ministerio de Salud Pública, la Dirección Provincial de Salud en Granma, la Fiscalía y la Contraloría tienen la palabra. Los pacientes de Guisa han hablado. Han dado detalles: la psiquiatra de adultos, los medicamentos controlados, las recetas que «se desaparecen».

Mientras tanto, en Guisa, los pacientes seguirán esperando. Los ansiolíticos seguirán yéndose a los amigos de la psiquiatra. Y los médicos de familia seguirán dando recetas a sus allegados.

¿Hasta cuándo, Guisa? ¿Hasta cuándo, Granma?

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