Aunque los embalses están llenos, la combinación de apagones crónicos, daños por huracanes y una infraestructura colapsada mantiene a miles de personas sin acceso al agua potable.
Una paradoja cruel define la vida diaria en gran parte de Santiago de Cuba: los embalses principales están al tope de su capacidad, pero las tuberías en numerosas comunidades llevan más de cien días completamente secas. Esta escena, que parece sacada de un relato distópico, es la realidad para miles de familias en los siete municipios atendidos por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado Aguas Turquino, donde la crisis del agua ha alcanzado niveles de catástrofe humanitaria silenciosa, agravada por los apagones constantes y los daños sin reparar del huracán Melissa.
El problema no es la disponibilidad del recurso, sino la absoluta incapacidad del Estado para distribuirlo. La mayoría de los sistemas de abasto en esta región montañosa dependen del bombeo eléctrico para llevar el agua desde los embalses y fuentes hasta los hogares. Sin embargo, la crisis energética nacional, con cortes de luz que se extienden por más de doce horas diarias, paraliza estas estaciones de bombeo. Incluso cuando hay electricidad, muchas líneas de transmisión y equipos resultaron dañados por el huracán y su restablecimiento ha sido lento e incompleto, según admite el periódico oficial Sierra Maestra.
Un mapa del desabastecimiento crónico:
Un recorrido por los municipios afectados, basado en el reporte oficial, pinta un cuadro desolador de fallas en cascada:
- Songo-La Maya, Chile y La Caoba: Las fallas eléctricas persistentes mantienen paralizados sistemas clave. En localidades como Jutinicú, Jarahueca y La Sultana, se suman averías en el equipamiento de bombeo.
- San Luis: Aunque se logró una reanudación parcial en una zona, el sistema Río Grande Urbano, que abastece a unas 5,000 personas, sigue sin funcionar.
- Tercer Frente: Las estaciones de bombeo de Vega de Limones y La Tabla están afectadas por socavones provocados por las lluvias, mostrando la vulnerabilidad de una infraestructura en mal estado.
- Palma Soriano y Contramaestre: Se reportan fallas eléctricas en plantas como El Molino. La respuesta ha sido desplegar «pipas» (camiones cisterna), incluyendo cinco de la empresa estatal y otras de organismos y dueños particulares, en un intento ineficaz y desigual por cubrir la demanda masiva.
- Dos Caminos y la cabecera municipal: Aquí se registran los casos más extremos, con sectores que superan los 100 días consecutivos sin recibir una gota de agua por las redes de abasto.
Soluciones improvisadas y una infraestructura en ruinas:
La respuesta estatal ha sido un parcheo desesperado que evidencia el colapso:
- Paneles solares inoperantes: En una ironía amarga, estaciones de bombeo equipadas con paneles solares —una solución teóricamente ideal para evitar los apagones— están fuera de servicio porque sus estructuras fueron desmontadas antes del huracán Melissa como «medida preventiva» y aún no han sido reinstaladas completamente, ralentizando aún más cualquier recuperación.
- Dependencia de camiones cisterna: El abastecimiento mediante pipas se ha convertido en la principal «solución», pero es un sistema caro, irregular e insuficiente. Prioriza centros de salud y comunidades vulnerables, dejando a la gran mayoría de la población en una espera incierta, haciendo largas colas bajo el sol con cubos y bidones.
- Reparaciones lentas y localizadas: Se mencionan avances puntuales, como la instalación de 500 metros de tubería en Jaguar o la colocación de una bomba nueva en la presa Gilbert para Dos Palmas. Sin embargo, estas son gotas en un océano de necesidad, incapaces de revertir el colapso sistémico.
La alerta internacional y la vulnerabilidad extrema:
La gravedad de la situación traspasa las fronteras. A fines de noviembre, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) alertó sobre la persistente crisis en Santiago de Cuba, detallando que 50 de los 164 sistemas de abasto de agua de la provincia seguían fuera de servicio tras el huracán. Esta cifra oficial internacional confirma que el problema es estructural y masivo.
La falta de agua potable no es solo una incomodidad; es una amenaza grave para la salud pública, incrementando el riesgo de enfermedades diarréicas y de la piel, y multiplicando la carga de trabajo, especialmente para mujeres y niñas, quienes deben dedicar horas diarias a la búsqueda y acarreo del vital líquido. La paradoja de los «embalses llenos y tuberías vacías» es el símbolo más elocuente del fracaso de un modelo de gestión: la naturaleza provee, pero la incapacidad institucional, la falta de mantenimiento y una crisis energética autoinfligida condenan a la población a una sed evitable.
Resumen: Municipios de Santiago de Cuba acumulan más de 100 días sin recibir agua por las tuberías, a pesar de tener los embalses llenos. La causa principal es la crisis eléctrica nacional, que paraliza las estaciones de bombeo, agravada por daños sin reparar del huracán Melissa y una infraestructura colapsada. La población depende de camiones cisterna, mientras UNICEF alertó que 50 sistemas de abasto siguen fuera de servicio.
Nota: Esta crisis hídrica es un desastre de origen humano, donde la incompetencia estatal y el colapso energético han convertido un recurso abundante en inaccesible, violando un derecho humano básico y sumiendo a comunidades enteras en una lucha diaria por la supervivencia.














