Imágenes filtradas confirman que el primer teniente Yorlenis Revé Cuza, de 38 años, formaba parte del anillo de guardaespaldas del líder venezolano, evidenciando una integración operativa profunda entre ambos regímenes.
6 de enero de 2026. La identificación de los 32 militares cubanos muertos en Venezuela continúa revelando detalles operativos que confirman la profunda integración entre los aparatos de seguridad de ambos países. Nuevas imágenes divulgadas por activistas identifican al primer teniente Yorlenis Revé Cuza, de 38 años, formando parte del círculo íntimo de guardaespaldas que protegía físicamente a Nicolás Maduro en actos públicos.
🕵️ La Evidencia Gráfica: Un Guardaespaldas Encubierto
El activista Magdiel Jorge Castro publicó en redes sociales una imagen que se ha hecho viral. En ella, se observa a Revé Cuza vestido de civil, integrado entre una multitud durante un acto público, cumpliendo labores de protección cercana al presidente venezolano.
«IDENTIFICADO: Primer Teniente Yorlenis Revé Cuza: Uno de los más allegados a Nicolás Maduro, Cilia Flores, Diosdado Cabello y su entorno… Los mezclaban con la gente y los vestían con la misma ropa… murió en Fuerte Tiuna», escribió Castro.
Esta imagen es crucial porque corrobora con pruebas visuales lo que durante años fue negado o minimizado: que efectivos cubanos no solo asesoraban, sino que realizaban tareas operativas de alto riesgo y máxima confianza dentro del dispositivo de seguridad venezolano.
🛡️ Implicaciones: Más Allá de la Asesoría, una Integración Total
El caso de Revé Cuza, sumado al del coronel Humberto Roca, pinta un cuadro claro:
- Presencia Directa en la Línea de Fuego: Los militares cubanos estaban integrados físicamente en los anillos de seguridad, no solo en puestos de mando.
- Estrategia de Camuflaje: El uso de ropa civil para mezclarse con la gente sugiere tácticas de seguridad avanzadas y un rol activo en la protección encubierta.
- Confianza Máxima: Estar entre los «más allegados» a Maduro, su esposa y el poderoso Diosdado Cabello indica un nivel de acceso y confianza otorgado solo a operadores de élite.
📜 El Cambio en la Narrativa Oficial
La publicación de la lista con nombres y fotos por parte de Cuba representa un punto de inflexión. Después de años de hablar de «colaboradores» en términos vagos (médicos, profesores), es la primera admisión pública explícita de la presencia militar cubana en operaciones de seguridad venezolana, aunque enmarcada en el contexto de un homenaje a los caídos.
🔍 El Trabajo de Rastreo Ciudadano
Activistas e investigadores independientes están realizando un trabajo de contra-inteligencia ciudadana, contrastando las imágenes filtradas de seguridad venezolana con la lista oficial para identificar a cada uno de los fallecidos. Este esfuerzo está poniendo rostro y función específica a lo que antes eran solo especulaciones, documentando la verdadera dimensión de la cooperación militar.
❓ Las Preguntas que Persisten
Cada identificación plantea nuevas interrogantes:
- ¿Cuántos otros oficiales cubanos integraban estos equipos?
- ¿Qué nivel de mando o control ejercían sobre los organismos de seguridad venezolanos?
- La muerte de estos operativos en Fuerte Tiuna, ¿fue porque estaban defendiendo esa instalación o porque allí se alojaba parte del dispositivo de seguridad presidencial?
Resumen Ejecutivo: La identificación del primer teniente Yorlenis Revé Cuza como guardaespaldas encubierto de Maduro, respaldada por una fotografía, prueba de manera irrefutable que militares cubanos realizaban labores operativas directas dentro del dispositivo de seguridad venezolano. Este hallazgo, sumado a otros, confirma que la cooperación no era meramente de asesoría, sino una integración orgánica y funcional donde efectivos cubanos asumían roles de alto riesgo para proteger a la cúpula chavista. La muerte de estos operativos en la operación estadounidense revela hasta qué punto Cuba había comprometido a su personal especializado en la supervivencia del régimen de Maduro.
Nota Breve Final: Revé Cuza, a sus 38 años, era la cara de una nueva generación de oficiales de seguridad cubanos desplegados en el extranjero. Su muerte en Fuerte Tiuna no es la de un «colaborador» genérico, sino la de un guardaespaldas especializado que murió cumpliendo una misión concreta: proteger al presidente aliado. Su imagen de civil entre la multitud es el símbolo perfecto de esta intervención: discreta, camuflada, pero mortalmente real. Cada identificación de este tipo es un ladrillo menos en el muro de opacidad que rodeaba esta misión.














