La crisis energética fuerza el cierre de grandes resorts en Cayo Coco, ya que los empleados no pueden llegar al trabajo. La industria, que ya había caído un 70% desde 2018, ve cómo su última línea de flotación se hunde, en un país al borde del colapso según la ONU.
La crisis energética cubana ha comenzado a devorar su último reducto protegido: el turismo. Según un informe de Bloomberg, al menos dos grandes resorts de playa en Cayo Coco cerrarán este fin de semana debido a la absoluta falta de combustible, confirmando que ni siquiera la principal fuente de divisas del país es inmune al colapso general.
La razón del cierre, en un hecho sin precedentes, no es un huracán ni una avería, sino un problema logístico básico: no hay gasolina para que los empleados lleguen al trabajo. Los huéspedes de uno de los complejos afectados serán reubicados en otro resort a 48 kilómetros de distancia, una operación que a su vez consumirá parte del preciado combustible restante. Un empleado del Mojito Cayo Coco declaró a Bloomberg que es la primera vez que ve un cierre temporal resultante de un evento no meteorológico.
El Contexto de un Declive Anunciado:
El turismo, otrora un pilar económico, llevaba años en picada antes de este golpe de gracia:
- Caída Libre: Tras promediar más de 4 millones de visitantes en 2019, solo alrededor de 1,6 millones llegaron entre enero y noviembre de 2025, según la AP. Esto representa una caída de casi el 70% desde 2018.
- Causas Multifactoriales: La pandemia de COVID-19 y, sobre todo, las continuas sanciones y amenazas de Estados Unidos (incluido el bloqueo petrolero y las advertencias a los turistas) habían asfixiado la industria.
El Paquete de Emergencia se Cumple: «Viviremos Tiempos Difíciles»
Este corso turístico es la materialización de las advertencias lanzadas la semana pasada por el gobierno cubano como parte de su paquete de emergencia, que incluía:
- Limitación del transporte público interprovincial.
- Petición a trabajadores de centros educativos de quedarse en casa.
- Concentración de la actividad administrativa de lunes a jueves.
- Racionamiento digital extremo del combustible (20 litros por persona en USD).
El presidente Miguel Díaz-Canel ya había advertido: «Viviremos tiempos difíciles. Estos, en particular, son muy duros», refiriéndose a la «aguda escasez de combustible» resultado de la presión de EE.UU.
Advertencias Internacionales y el Reloj del Petróleo:
El panorama pintado por fuentes internacionales es apocalíptico:
- «Cuba podría colapsar»: El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha emitido esta advertencia sobre la situación actual.
- Reservas Agotadas: Citando datos de Kpler, medios señalan que a finales de enero el país tenía petróleo para entre 15 y 20 días a menos que se reanudaran los envíos.
- Análisis Experto: «Tienen una gran crisis entre manos», declaró Jorge Piñón, experto en petróleo de la Universidad de Texas.
La Estrategia de Máxima Presión de Washington:
Desde Washington, la administración Trump observa el estrangulamiento. El informe señala que el presidente estadounidense «ha estado instando al asediado país a que se comprometa antes de que sus reservas se agoten por completo», utilizando la crisis como palanca de presión política extrema.
Mientras, el viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, rechazó esta semana informes sobre negociaciones formales con EE.UU., aunque reconoció la existencia de «conversaciones».
Resumen: La crisis de combustible en Cuba ha provocado el cierre de al menos dos grandes resorts en Cayo Coco, ya que no hay gasolina para trasladar a los empleados. Este golpe a la principal fuente de divisas del país ocurre tras una caída del 70% en el turismo desde 2018 y en medio de un paquete de emergencia que paraliza el transporte y la administración. Advertencias de la ONU y expertos apuntan a un colapso inminente si no llegan suministros, mientras EE.UU. presiona para obtener concesiones políticas.
Nota: El cierre de resorts en Cayo Coco no es solo una noticia económica; es el símbolo de que la crisis ha traspasado todos los umbrales. Cuando un país debe apagar las luces de sus hoteles —los últimos focos que intentaba mantener encendidos— porque no puede llevar a la camarera o al jardinero a trabajar, ha llegado al fin de su capacidad operativa. Ya no se trata de racionar para la población, sino de que ni siquiera la máquina de hacer dólares puede seguir funcionando. Es el momento en que la «máxima presión» deja de ser una política exterior para convertirse en una realidad física y desoladora: un paraíso turístico vacío, silencioso y a oscuras, esperando un barco con combustible que puede que nunca llegue.














