El líder opositor advierte que la falta de coordinación y estrategia común es un obstáculo tan grave como la represión interna, e insiste en la urgencia de superar divisiones para avanzar en la causa democrática.
En una crítica franca y autoevaluativa, el reconocido opositor cubano José Daniel Ferrer ha centrado su discurso en lo que identifica como el mayor escollo actual para el cambio en Cuba: la desunión y la falta de estrategia coherente dentro del exilio. Más allá de denunciar la represión del régimen, Ferrer dirige ahora su atención a las dinámicas internas de la oposición fuera de la isla, advirtiendo que las «guerras de ego», la duplicación de esfuerzos y la carencia de una verdadera coordinación están neutralizando cualquier posibilidad de avance significativo.
En una entrevista con el diario español El Debate, Ferrer diagnosticó sin tapujos: «Muchos hacen lo mismo mientras se descuidan otros frentes«. Esta frase resume su preocupación por un activismo fragmentado, donde múltiples grupos e individuos persiguen iniciativas similares, compitiendo por visibilidad y recursos, mientras dejan áreas de trabajo esenciales sin atender. «Lo que hacemos de manera individual, por muy bien que lo hagamos, no nos va a permitir avanzar mucho», insistió, subrayando la necesidad de humildad, disciplina y una visión de conjunto sobre los protagonismos personales.
Un diagnóstico persistente: «Muchos cuarto bate, pero no tenemos equipo»
Esta advertencia no es nueva para Ferrer. Desde su llegada a Miami en octubre, tras años de encarcelamiento y tortura, resumió la situación con una metáfora deportiva que resonó y dolió: «No existe cohesión, coordinación, disciplina. Tenemos muchos cuarto bate, pero no tenemos equipo«. Tres meses después, mantiene que este diagnóstico sigue siendo preciso. La dispersión, la rivalidad y la ausencia de una estrategia unificada continúan, a su juicio, siendo los principales lastres del activismo en el exterior.
La credibilidad de quien viene del infierno:
La autoridad de Ferrer para lanzar esta crítica no proviene de un análisis académico, sino de una experiencia de resistencia y sufrimiento extremos. Relató detalles atroces de su último encarcelamiento, donde guardias y reclusos lo sometían a un «procedimiento diario de golpes y asfixia», inmovilizándolo, tapándole la nariz e introduciéndole alimentos en descomposición. Es desde esa legitimidad, forjada en las celdas de castigo, que reclama una mayor seriedad y unidad en el exilio. Su mensaje implícito es claro: si quienes no han enfrentado la peor represión están divididos, ¿qué esperanza hay para una oposición efectiva?
La doble estrategia: redes clandestinas dentro y puentes en el exilio
Frente a esta fragmentación, Ferrer está impulsando un doble frente de trabajo:
- Articulación de resistencia interna: Afirma estar enfocado en crear y apoyar células de resistencia clandestina dentro de Cuba, supervisadas desde el exilio para minimizar riesgos. Dice que estas redes ya operan y han ejecutado acciones visibles, como los grafitis con las siglas «DD.HH.» que aparecieron en la isla antes del Día de los Derechos Humanos.
- Tender puentes en el exilio: Reconoce la complejidad de unir a los diversos grupos opositores, admitiendo que «hay un poco de guerras de ego». No obstante, asegura estar en conversaciones con varias organizaciones, como el Consejo para la Transición Democrática en Cuba y antiguos miembros de la UNPACU, para construir alianzas más estables.
Activismo internacional y llamado a la coherencia:
Paralelamente, Ferrer busca mantener y ampliar el apoyo político internacional. Se ha reunido recientemente con funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU. y con el senador Marco Rubio, a quien describió como «muy informado». También recibió la Medalla Truman-Reagan de la Libertad, consolidando su estatus como símbolo de la resistencia.
En un gesto interpretado como un llamado a la coherencia y a frenar divisiones estériles, Ferrer salió en defensa del polémico presentador Alexander Otaola durante el debate sobre las donaciones tras el huracán Melissa. «Me interesan más los hechos que las palabras», dijo, destacando la ayuda que Otaola ha brindado a presos políticos. Este movimiento parece parte de su intento de priorizar la solidaridad y los resultados concretos sobre las polémicas personales.
Conclusión: Unidad como urgencia, no como símbolo
El mensaje central de Ferrer es una llamada a la madurez política. Insiste en que el exilio tiene el potencial de ser un motor decisivo, pero solo si logra superar sus fracturas internas. «Si seguimos duplicando esfuerzos mientras se abandonan frentes esenciales, la causa no avanza», repite. Para él, la unidad no es un eslogan vacío ni un gesto simbólico; es una urgencia operativa sin la cual todos los esfuerzos, por bienintencionados que sean, seguirán siendo insuficientes para lograr un cambio real en Cuba. Su lucha ahora es tan contra la complacencia y el divisionismo en el exilio como lo fue contra la opresión dentro de la isla.
Resumen: José Daniel Ferrer criticó abiertamente la fragmentación y las «guerras de ego» dentro del exilio cubano, señalando que la duplicación de esfuerzos y la falta de coordinación estratégica paralizan la oposición. Con la autoridad de su pasado como preso político torturado, Ferrer insiste en que la unidad y la disciplina son tan urgentes como enfrentar al régimen, y revela que trabaja en articular redes clandestinas dentro de Cuba mientras intenta tender puentes entre grupos opositores en el exterior.
Nota: La crítica de Ferrer expone una dolorosa paradoja: mientras el régimen se presenta como un bloque monolítico, la oposición que busca desafiarlo a menudo se muestra dividida y descoordinada, diluyendo su fuerza potencial. Su llamado es un desafío a superar protagonismos y construir una oposición que funcione como un verdadero equipo, no como una colección de estrellas individuales.














