Con el 89% de la población en la pobreza, apagones de 20 horas diarias y alimentos que no llegan, la isla vive su peor crisis desde 1959. Mientras la gente busca comida en la basura y los hospitales carecen de medicinas, los jefes policiales protegen vallas de gallos y el mercado negro prospera. La ONU alerta de un «posible colapso humanitario», y los propios cubanos lo resumen con crudeza: «El país no produce, el sistema no funciona. Lo único que hay es miseria».
La denuncia de este ciudadano, escrita con la rabia de quien ya no tiene nada que perder, es un espejo de la realidad que viven millones de cubanos en 2026. «El hambre y la miseria por culpa del sistema de mierda de hace 67 años» no es una exageración: es el diagnóstico que hacen cada día quienes ven cómo su país se desmorona mientras las autoridades miran hacia otro lado.
Los números del colapso
Cuba atraviesa en 2026 una «policrisis» sin precedentes: la convergencia de colapso económico, crisis energética, inseguridad alimentaria y exodo masivo que amenaza la viabilidad misma del Estado surgido de la Revolución de 1959 .
Pobreza: El 89% de la población vive bajo el umbral de la pobreza . La moneda nacional se ha desplomado: el dólar se cambia a 450 pesos en el mercado informal, mientras los salarios públicos apenas alcanzan para comprar una docena de huevos .
Energía: La pérdida del petróleo venezolano (30-40 mil barriles diarios) tras la captura de Maduro en enero de 2026 ha dejado a la isla en un «cuasi-bloqueo energético». Los apagones alcanzan las 20 horas diarias en muchas regiones .
Alimentos: Cuba importa el 70% de su comida, pero no hay divisas ni combustible. Siete de cada diez cubanos saltan al menos una comida al día . La «libreta» de racionamiento, instaurada en los años 60, solo da cantidades simbólicas de arroz y frijoles, a menudo con meses de retraso .
La ayuda que no llega
México ha enviado 814 toneladas de víveres; Corea del Sur, 24 mil toneladas de arroz; China, 60 mil toneladas más 80 millones de dólares; España, un millón de euros . Pero los cubanos de a pie no ven nada. «La ayuda humanitaria la maneja el gobierno y al pueblo, que es a donde tiene que llegar, llega muy poca o ninguna», denuncia Selania, ama de casa habanera .
Un soldado cubano, en condición de anonimato, lo dice sin rodeos: «Eso de que reparten ayuda… no chico, eso no es verdad» .
La salud en ruinas
El sistema de salud cubano, antaño orgullo de la Revolución, se desangra. Solo el 30% de los medicamentos esenciales están disponibles. Cinco millones de pacientes crónicos no tienen tratamiento regular; 16 mil enfermos de cáncer esperan radioterapia . La cadena de frío para vacunas y medicamentos está comprometida .
Vallas de gallos y corrupción policial
En medio de este cuadro de desolación, el denunciante apunta a una realidad que agrava la crisis: la corrupción de los jefes policiales que protegen las vallas de gallos y la bolita. «Que dejen que la gente que pelea gallos tranquila», dice con ironía, «porque todos los jefes de policías corruptos comen de eso».
En un país donde el 89% de la población es pobre, donde los hospitales carecen de medicinas y las bodegas están vacías, las fuerzas del orden se convierten en cómplices del juego ilegal y el mercado negro, perpetuando el sufrimiento popular.
El llamado de la comunidad internacional
El pasado 26 de febrero, 11 organizaciones internacionales de la sociedad civil (entre ellas CARE Cuba, Humanity & Inclusion y el Movimiento por la Paz) emitieron una declaración conjunta alertando sobre el «acelerado deterioro de la situación humanitaria» en Cuba. Advierten que la crisis energética actúa como «factor multiplicador» y afecta desproporcionadamente a los más vulnerables: mujeres, niños, ancianos, personas con discapacidad y pacientes crónicos .
La ONU, por su parte, ha alertado de que el bloqueo petrolero pone en riesgo «la disponibilidad de servicios esenciales en todo el país» y puede alimentar la «perturbación social» en Cuba .
Resumen:
Cuba vive su peor crisis desde 1959: 89% de pobreza, apagones de 20 horas diarias, un sistema de salud colapsado, y ayudas internacionales que nunca llegan a la población. En este contexto, la denuncia ciudadana apunta a la complicidad de los jefes policiales que protegen vallas de gallos y el juego ilegal mientras el pueblo se desangra. Organizaciones internacionales alertan de un «posible colapso humanitario». Los propios cubanos lo resumen con crudeza: «El país no produce. Lo único que hay es miseria».
Nota final:
El denunciante tiene razón: 67 años después, el sistema ha fracasado. El hambre, los apagones, los hospitales sin medicinas, la ayuda que se pierde, la corrupción policial que protege a los que lucran con la desesperación ajena… todo eso es la herencia de un modelo que se niega a morir pero ya no puede sostenerse.
Mientras las autoridades hablan de resistencia y dignidad, los cubanos buscan comida en la basura, se alumbran con velas y ven cómo sus hijos se van. La pregunta que flota en el aire es la misma que se hace Mariela Viel, de 67 años, en Santa Cruz del Norte: «¿Qué puedo permitirme? Nada. Ni siquiera un paquete de pollo» .














