A pesar de la crisis y la falta de combustible, en Granma se cosechan miles de quintales de arroz que no se entregan al Estado. Los verdaderos dueños son dirigentes provinciales que usan campesinos como testaferros, y la producción termina en manos de revendedores vinculados al gobierno de Bayamo. Las ayudas humanitarias, mientras tanto, no llegan.
Una nueva denuncia desde Granma pone el foco en un escándalo que lleva años silenciado: el desvío de la producción de arroz hacia canales ilegales, mientras las ayudas humanitarias destinadas a la provincia nunca llegan a su destino. El testimonio, que llega con la fuerza de quien ya no puede callar, revela que miles de caballerías de tierras están a nombre de campesinos, pero pertenecen a dirigentes de la provincia, y la cosecha se vende fuera del circuito estatal.
La pregunta que duele: ¿dónde están las ayudas?
El denunciante comienza con una pregunta que debería avergonzar a las autoridades: «¿Dónde meten las ayudas humanitarias que en Granma no llegan?» Una interrogante que resuena con fuerza en una provincia donde la escasez es moneda corriente y la población espera recursos que nunca aparecen.
El arroz: miles de caballerías en manos de dirigentes
El testimonio revela el mecanismo de despojo y desvío:
- «Hay miles de campesinos que las tierras están a nombre de ellos y son de dirigentes en Granma».
- Es decir, los campesinos son meros testaferros; los verdaderos dueños son funcionarios y políticos.
- Esos dirigentes «no entregan la cosecha de arroz al Estado».
- «Todo va a parar a manos de revendedores que son los mismos del gobierno de Bayamo».
El control: nadie va a los campos cuando se cosecha
El denunciante explica por qué esta red ha podido operar durante tanto tiempo:
- «Nadie va allí al campo de arroz cuando se está cosechando, porque son dirigentes de Granma los verdaderos dueños».
Es decir, las autoridades que deberían inspeccionar, controlar y garantizar que la producción llegue al Estado, simplemente no aparecen. Porque los dueños son sus propios jefes.
La conclusión: todo el arroz de Granma va a revendedores
La conclusión es demoledora: «La provincia Granma: todo el arroz que se cosecha está a manos de revendedores». Mientras la población hace colas para comprar arroz caro y escaso, los dirigentes se enriquecen vendiendo la producción en el mercado negro.
El combustible: otra pieza del rompecabezas
El denunciante añade un dato que explica por qué los campesinos honestos no pueden producir: «No hay gasolina para llevar el vehículo». Pero los dueños de estas tierras, los dirigentes, sí tienen combustible para mover su cosecha ilegal.
Resumen: Una denuncia ciudadana desde Granma revela que miles de caballerías de arroz están a nombre de campesinos, pero pertenecen a dirigentes provinciales. La cosecha no se entrega al Estado, sino que va a parar a revendedores vinculados al gobierno de Bayamo. Nadie inspecciona los campos porque los verdaderos dueños son los jefes. Mientras tanto, las ayudas humanitarias no llegan y la población no tiene combustible. «Todo el arroz que se cosecha está a manos de revendedores», concluye el denunciante.
Nota: Este caso es la confirmación de que la corrupción en Granma ha alcanzado niveles de captura total del sistema productivo. Los dirigentes no solo roban, sino que han montado una estructura paralela: usan campesinos como testaferros, controlan la producción, la venden a revendedores (que son los mismos del gobierno) y se aseguran de que nadie inspeccione porque los inspectores saben quiénes son los dueños.
Mientras tanto, la población se muere de hambre, espera ayudas que nunca llegan y no tiene combustible ni para llevar sus propios productos al mercado. Las ayudas humanitarias, que deberían paliar la crisis, se esfuman en algún lugar del camino.
Las autoridades nacionales —Contraloría, Fiscalía, Comité Central— tienen la obligación de intervenir. Pero la pregunta es: ¿quién investigará a los jefes? ¿Quién se atreverá a entrar en los campos de arroz cuando los dueños son los mismos que mandan? El pueblo de Granma, mientras tanto, sigue esperando.














