José Rodríguez Falcón, administrador del ServiCupet «El Ideal» en Veguitas (Yara, Granma), es señalado por un denunciante anónimo como «de los muchos administradores corruptos que existen, pero este lo es aún más». Según la denuncia, se lleva insumos diariamente para venderlos, no permite que los pisteros den el parte de la cantidad real de combustible que entra, y usa la gasolina para «ayudar a sus amigotes». Además, mantiene una relación extramarital con «Lili», mujer del cartero, que le ha provocado «palizas» y hasta le rompieron «toda la llanta de alante de la bicicleta». El denunciante aporta dos fotografías del acusado y concluye: «Que pague el singao ese.»
Un ciudadano ha contactado a nuestra redacción para denunciar al administrador del ServiCupet «El Ideal» en Veguitas, perteneciente al municipio Yara, provincia Granma, identificado como José Rodríguez Falcón.
El denunciante no escatima calificativos:
«Es de los muchos administradores corruptos que existen, pero este lo es aún más.»
El testimonio describe un patrón de corrupción sistemático que incluye el robo de insumos, el desvío de combustible, el maltrato a los trabajadores y una vida personal igualmente turbia.
El robo de insumos: «se los lleva para la casa»
Uno de los puntos más graves de la denuncia es el desvío sistemático de los insumos del Cupet:
«Los insumos del Cupet, todos se los lleva para la casa: desde jabón, detergente, colcha para limpiar, las pacas de las jabas de nailon.»
El denunciante explica que estos productos «entran y se desaparecen al momento». Los clientes que acuden a la gasolinera se van «con su mercancía en las manos» (presumiblemente, los productos que han comprado o que se supone deberían estar disponibles para la venta al público), pero no pueden comprar porque el administrador se los ha llevado.
La magnitud del robo es tal que:
«Hasta incluso ha construido gran parte de su casa con los insumos que se roba.»
Es decir: los materiales de construcción de su vivienda —bloques, cemento, varillas, pintura— provendrían de la reventa de los insumos sustraídos del Cupet. El Estado le paga un salario, pero él se ha construido una casa con lo robado.
El desvío de combustible: 200 litros o más por recepción
El corazón del negocio ilícito de Rodríguez Falcón es el combustible:
«Siempre que entra una recepción, nunca permite que los pisteros den el parte de la cantidad que entra, ya que nunca dice lo que es.»
El mecanismo es claro: cuando llega un cargamento de combustible a la gasolinera, el administrador no informa la cantidad real. Una parte se registra oficialmente, y otra —200 litros o más, dependiendo de la recepción— se la queda él.
«Siempre se queda con 200 o más litros para él, dependiendo de la cantidad que entre.»
Ese combustible desviado no se declara, no se contabiliza, no se paga. Desaparece del sistema y pasa a manos de Rodríguez Falcón, quien lo utiliza para:
«Ayudar a sus amigotes, todos los que le resuelven las cosas, todos sus perrones.»
Es decir: el combustible robado se convierte en moneda de cambio para sobornar, para pagar favores, para construir una red de complicidades. Los «perrones» (los leales, los que le siguen el juego) reciben gasolina gratis o a precios muy por debajo del mercado, a cambio de lealtad y servicios.
Los trabajadores: no ven nada, todo es para él
El denunciante es claro sobre el trato desigual que reciben los empleados de la gasolinera:
«De ese combustible, los trabajadores no ven nada, porque todo es para él, para resolver sus problemas, para su beneficio, para su bolsillo.»
Mientras los pisteros y demás empleados trabajan por un salario de miseria, el administrador se enriquece desviando el recurso más valioso del país. Si un trabajador le pide un favor o un adelanto, la respuesta es siempre negativa:
«Siempre que le piden, nunca puede, o la jugada está apretada.»
Pero si llega «cualquier otra persona» —un amigote, un perrón, alguien que le «trae cosas»— entonces sí puede, sí resuelve, sí da.
«Si le traen cosas, más les da.»
El mensaje para los trabajadores es claro: ustedes no importan. Los que le llevan regalos, sobornos o favores, sí.
La hipocresía: le pide más al gobierno para sus cosas
El denunciante revela un último cinismo:
«Aparte de toda esa gasolina con la que se queda, no le basta, y le pide más al gobierno para sus cosas.»
Rodríguez Falcón no solo roba combustible. Además, solicita más recursos al gobierno —presumiblemente alegando necesidades de la gasolinera o escasez— para seguir desviando. El Estado le da más, él roba más, y el ciclo continúa.
La vida personal: «mujeriego» y cobarde
El denunciante también aborda la vida privada de Rodríguez Falcón, no por morbo, sino para ilustrar su carácter:
«Por andar de mujeriego… una flaquita llamada Lili, mujer del cartero.»
La relación extramarital con Lili ha tenido consecuencias violentas:
«El cartero ya le ha dado unas cuantas palizas a ella, porque los ha cogido juntos, pero ella no escarmienta, se siguen viendo a escondidas.»
Incluso el propio Rodríguez Falcón ha recibido golpes:
«A él le dieron sus buenas palmadas, y hasta le rompieron toda la llanta de alante de la bicicleta.»
El denunciante añade un juicio moral:
«Aparte de todo, es un cobarde.»
La impunidad: «la gente mientras más descarada es, más alta está en el poder»
El denunciante cierra su testimonio con una reflexión amarga sobre el sistema:
«Aquí la gente mientras más descarada es, más alta está en el poder. Esperemos que tomen medidas contra esto, y terminen de liquidar todas las ilegalidades que existen en este mísero país.»
No es una queja menor. Es la constatación de que la corrupción no es un accidente, sino un sistema: los que roban, los que son «descarados», los que construyen casas con insumos del Estado, son los que ascienden. Los honestos, los que no se rebajan, se quedan atrás o son «tronchados» (como el joven director del INDER en Guisa).
Las pruebas: dos fotografías del acusado
El denunciante acompaña su testimonio con dos fotografías de José Rodríguez Falcón (incluidas en el archivo original), lo que permite identificar al acusado sin lugar a dudas.
Su disposición a aportar pruebas gráficas y su conocimiento detallado del funcionamiento interno de la gasolinera le dan especial credibilidad a su testimonio.
El contexto: Granma, la provincia donde «la corrupción es tan grande que no pasa nada»
Esta denuncia sobre el ServiCupet El Ideal en Veguitas se suma a la larga lista de casos de corrupción que hemos documentado en la provincia de Granma:
| Entidad | Corrupto señalado | Hecho principal |
|---|---|---|
| Empresa Provincial de la Construcción | Iván Oliva Mojena | Mansión, desvío de pollos y huevos, tres casas |
| Zoológico de Bayamo | Enrique Dámaso Benítez | Condena a madre inocente a 12 años, fuga a Uruguay |
| UEB Esazúcar Granma | Director (sin nombre) + Marila Valdés | Mansión, motorina nueva, cumpleaños de millonarios |
| INDER Guisa | Jorgito (intendente), Evelio (viceintendente) | Liberación de Yey, acomodo de corruptos |
| Viajero Bayamo | Elba Torres | Venta de pasajes a 3000-4000 pesos, bicimoto |
| ServiCupet El Ideal (Veguitas) | José Rodríguez Falcón | Robo de insumos, desvío de 200+ litros de combustible, casa construida con lo robado |
El patrón es idéntico en todos los casos: funcionarios que se enriquecen rápidamente, que operan con redes de «perrones», que discriminan a los trabajadores y al público general, y que actúan con total impunidad porque las autoridades provinciales —la gobernadora, la secretaria del PCC— «conocen pero no hacen nada».
Como dijeron los denunciantes de la Empresa de la Construcción: «En esta provincia de Granma la corrupción es tan grande que no pasa nada.»
El esquema real vs. el esquema ideal
En un esquema ideal, un administrador de una gasolinera estatal:
- Registra cada litro de combustible que entra.
- No se lleva insumos a su casa.
- No construye su casa con materiales robados.
- Trata bien a sus trabajadores.
- No usa el combustible para sobornar a «amigotes».
- Si es sorprendido robando, va a la cárcel.
En la Cuba real de abril de 2026, según esta denuncia, José Rodríguez Falcón hace todo lo contrario. Y sigue siendo administrador. Y sigue robando. Y sigue construyendo su casa. Y sigue dando combustible a sus «perrones». Y sigue pidiendo más al gobierno.
El mensaje para los trabajadores del ServiCupet El Ideal y para los ciudadanos de Veguitas es cruel: los de arriba roban, los de abajo sufren. Si eres «perrón» del administrador, tienes combustible. Si no, te quedas sin nada. Y si denuncias, probablemente no pase nada.
«Que pague el singao ese»
El denunciante cierra su testimonio con una frase que mezcla el deseo de justicia con la desesperanza:
«Usted organicelo a su forma, y haga su magia. Que pague el singao ese.»
«Singao» (contracción de «sin gao», sin nada, desgraciado) es una expresión cubana de fuerte carga despectiva. El denunciante quiere que Rodríguez Falcón pague por lo que ha hecho. Pero sabe que la justicia en Cuba no funciona. Por eso le pide al periodista que «haga su magia»: la única esperanza es que la denuncia pública, la exposición en los medios, logre lo que las instituciones no hacen.
«Y muchas gracias, excelente su trabajo. Continúe así. Bendiciones.»
El agradecimiento final es un reconocimiento: el denunciante sabe que al escribir a este medio está arriesgándose. Pero también sabe que es su única vía. Las autoridades no actúan. El Partido no investiga. La Contraloría no aparece. Solo queda la denuncia pública.
Resumen:
Un ciudadano denuncia al administrador del ServiCupet «El Ideal» en Veguitas (Yara, Granma), José Rodríguez Falcón, por corrupción sistemática. Señala que se roba todos los insumos (jabón, detergente, pacas de nailon) y que ha construido «gran parte de su casa» con lo robado. En cada recepción de combustible, se queda con «200 o más litros» que no declara, y usa esa gasolina para «ayudar a sus amigotes» y «perrones». Los trabajadores no ven nada de ese combustible. Además, mantiene una relación extramarital con «Lili», mujer del cartero, que le ha provocado peleas y hasta le rompieron la llanta de su bicicleta. El denunciante concluye: «Que pague el singao ese.» Aporta dos fotografías del acusado.
Nota final:
El combustible en Cuba es un bien sagrado. Es lo que mueve los ómnibus (los pocos que funcionan), los camiones de alimentos, las ambulancias, los tractores. Sin combustible, no hay transporte, no hay comida, no hay vida. Por eso robar combustible no es un delito menor. Es condenar a millones de cubanos a la inmovilidad, al desabastecimiento, a la desesperación.
José Rodríguez Falcón no es un ladrón cualquiera. Es el administrador de un ServiCupet. Tiene la responsabilidad de administrar un recurso escaso con transparencia y eficiencia. En lugar de eso, se queda con 200 litros por recepción, los regala a sus «perrones», construye su casa con lo robado, y le pide más al gobierno.
Y mientras tanto, los pisteros —los trabajadores que ven cómo se lo llevan todo— no pueden ni quejarse. Porque si hablan, los despiden. Porque si denuncian, los amenazan. Porque si van a las autoridades, nadie les hace caso.
El denunciante ha pedido que «pague el singao ese». Nosotros le pedimos a las autoridades del Ministerio de la Industria Básica (encargado de los Cupet), la Contraloría General, la Fiscalía, la gobernadora de Granma y la secretaria del PCC que investiguen a José Rodríguez Falcón. Que le cuenten los litros de combustible que entraron y los que se declararon. Que revisen su casa —»construida con los insumos que se roba»—. Que hablen con los trabajadores. Que hagan justicia.
Pero si en Granma «la corrupción es tan grande que no pasa nada», ¿qué esperanza puede tener este denunciante? ¿Qué va a pasar con Rodríguez Falcón? ¿Lo van a investigar? ¿Lo van a separar del cargo? ¿Le van a incautar la casa?
Ojalá esta denuncia sirva para algo. Ojalá «el singao» pague. Ojalá los trabajadores del ServiCupet El Ideal puedan algún día trabajar con dignidad, sin ver cómo su jefe se roba lo que debería ser de todos.
Y ojalá, algún día, en Granma y en toda Cuba, «la gente mientras más descarada es» deje de estar «más alta en el poder». Y los honestos ocupen su lugar.














