Mientras el perfil Asamblea Yara publica fotos de un «chequeo a la campaña» con más de 600 toneladas comprometidas, los productores de la CCSF 28 de Enero denuncian falta de combustible para transportar la cosecha y aseguran que el director de la empresa no ha gestionado el crédito para pagarles a tiempo.
Un extraño contraste se vive en estos días en el municipio Yara, Granma. Por un lado, las autoridades locales publican en redes sociales imágenes de un «chequeo a la campaña de tomate» ase ya medio mes, mostrando recorridos por áreas de siembra y hablando de compromisos productivos. Por otro, los campesinos de base denuncian que sus hectáreas se están perdiendo por falta de combustible y que la fábrica no tiene condiciones para procesar lo poco que pueda llegar.
La versión oficial: más de 600 toneladas comprometidas
Según una publicación del perfil Asamblea Yara en Facebook, fechada ase medo mes el 25 de enero, «las principales autoridades del municipio realizaron un recorrido por áreas de siembra de tomate, evaluando el cumplimiento de los compromisos productivos de esta campaña».
El texto oficial destaca que en el Consejo Popular El Espino, «donde se concentra la mayor parte del tomate destinado a la industria, el compromiso de producción asciende a más de 600 toneladas». Acompañan la información fotos de los funcionarios en supuesto contacto con los productores.
«La agricultura es la raíz que sostiene la industria y el alimento del pueblo; cada hectárea sembrada es un compromiso con el futuro», concluye la publicación, en un tono triunfalista y esperanzador.
La realidad denunciada: combustible que no llega y cosechas que se pierden
Sin embargo, una denuncia ciudadana llegada a nuestra redacción pinta un panorama completamente distinto. Los campesinos de la CCSF 28 de Enero, también en Yara, denuncian que «se les está echando a perder sus hectáreas de tomate por falta de combustible para su transportación y entrega a la Fábrica de Conservas Yara».
El combustible es el eslabón perdido: sin él, los tomates maduran en la mata o se pudren en los campos, y todo el esfuerzo de la siembra se convierte en pérdida total.
El crédito que no llega: Pepe el Burro en la mira
Los campesinos también denuncian a Pepe el Burro, director de la Empresa Estatal Socialista, por no haber logrado aún que le entreguen el crédito que respalde el pago a los productores. Y advierten: «No van a permitir que pase lo de otros años, que pagan fuera de términos». Es decir, exigen que esta vez el pago sea puntual, algo que en zafras anteriores no ocurrió.
La fábrica: sin tanques, sin combustible y sin futuro
Pero el problema no termina en el campo. Los trabajadores de la Fábrica de Conservas Yara denuncian que la situación interna es crítica:
- No hay tanques de 200 litros en los almacenes. La empresa no los compró en su período de planificación, y sin esos envases no hay dónde echar las producciones de tomate procesado.
- Combustible para las calderas: Solo hay disponibilidad para 6 días de trabajo (18,000 litros).
- Combustible para el grupo electrógeno: Solo 3,000 litros, que garantizarían trabajo para 5 o 6 días.
En otras palabras, incluso si el tomate llegara a la fábrica, esta no tendría capacidad para procesarlo ni para almacenarlo.
El silencio de las autoridades
La denuncia concluye con un señalamiento grave: «Las autoridades del PCC, gobierno y agricultura no han dado ningún tipo de explicación al respecto». Y sentencia: «Yara se ha convertido en un municipio sin mando político y gubernamental. Los campesinos abandonados a su destino».
Resumen: Mientras el perfil Asamblea Yara publica un recorrido de autoridades por áreas de siembra y alardea de «más de 600 toneladas comprometidas», los campesinos de la CCSF 28 de Enero denuncian que sus cosechas se pierden por falta de combustible para transportarlas. El director de la empresa, Pepe el Burro, no ha gestionado el crédito para pagarles a tiempo. La fábrica no tiene tanques para almacenar el producto y solo cuenta con combustible para 6 días. Las autoridades callan.
Conclusión: Este caso es un ejemplo perfecto de la brecha que separa el discurso oficial de la realidad en el campo cubano.














