La denunciante padece hipertensión, diabetes y asma. Su hija, operada de un tumor cerebral, sufre asma crónica y necesita el aerosol cada vez que cambia el tiempo. «En las farmacias no hay y los particulares están vendiendo el Sprey en 2000 y 5000 pesos. Es abusivo. No hay quien pare eso», denuncia. «Qué triste», concluye.
Una madre de familia residente en Santa Fe, Playa (La Habana), ha contactado a nuestra redacción para denunciar una situación que pone en riesgo la salud de su hija y la suya propia: la ausencia total del medicamento para el asma (un aerosol, al que ella llama «Sprey») en las farmacias estatales desde hace meses, mientras particulares lo venden a precios exorbitantes.
La denunciante padece múltiples enfermedades crónicas: presión alta, diabetes y asma. Pero su mayor preocupación es su hija:
«Tengo una hija operada hace años de un tumor cerebral. Antes de entrar al salón tenía que llevarla al policlínico a que se diera aerosol. Después de operada tiene asma crónica.»
La niña, que ya superó la operación de un tumor cerebral, ahora lucha contra el asma crónica. Y no tiene acceso al medicamento que necesita.
Los hechos: meses sin el «Sprey» en las farmacias
La denunciante explica que tienen «tarjetones para la medicina» (el sistema de libreta de medicamentos controlados), pero eso no sirve de nada si el fármaco no llega:
«Ahora resulta que hace meses que no entra el Sprey.»
Cada vez que entran nuevos medicamentos a la farmacia, ella pregunta específicamente por el aerosol para el asma. Y la respuesta es siempre la misma:
«Se pregunta si entró el Sprey y te dicen que no.»
La denunciante dice entender «la situación que está viviendo el país» (la crisis económica, el desabastecimiento, las dificultades de importación), pero hay algo que no puede entender:
«Lo que no entiendo es que en las farmacias no hay y los particulares están vendiendo el Sprey en 2000 y 5000 pesos.»
El negocio de la desesperación: medicamentos cubanos al precio que quieran
La denunciante hace una observación clave:
«Ese Sprey no lo exportan, es cubano.»
El aerosol para el asma se produce en Cuba. No es un medicamento importado sujeto a las complejidades del bloqueo o los problemas de divisas. Se fabrica aquí. Y sin embargo, no llega a las farmacias estatales, pero aparece en manos de particulares que lo venden a precios que multiplican por decenas (o cientos) su costo real.
El precio que menciona la denunciante es abusivo:
- 2000 pesos el Sprey (en el extremo bajo).
- 5000 pesos el Sprey (en el extremo alto).
Para una población donde el salario promedio ronda los 3,000 a 5,000 pesos mensuales, pagar un mes entero de salario (o más) por un solo aerosol es sencillamente imposible. Y para una familia con múltiples enfermedades crónicas (madre con tres patologías, hija con asma crónica post tumor cerebral), la necesidad es urgente y recurrente.
La falta de escrúpulos: «sabiendo que es para un enfermo»
Lo que más indigna a la denunciante no es solo el precio, sino la insensibilidad de quienes especulan con la salud ajena:
«Los que lo venden no tienen escrúpulo, sabiendo que es para un enfermo. No les importa vender cara hasta las medicinas.»
Y lanza una pregunta que millones de cubanos se hacen a diario:
«No hay quien pare eso.»
Efectivamente: no hay control sobre el mercado negro de medicamentos. No hay autoridades que impidan que los fármacos producidos en Cuba —con recursos públicos, con trabajo de científicos y técnicos cubanos— terminen en manos de particulares que los revenden a precios de usura.
El drama humano: «mi hija la operada le hace falta»
La denunciante describe el momento crítico:
«Estos cambios de tiempo se pone mal con el asma, y en estos momentos tiene asma.»
La hija, que ya sobrevivió a un tumor cerebral, ahora sufre una crisis asmática. Y su madre no puede comprar el Sprey porque cuesta entre 2000 y 5000 pesos. En la farmacia no hay. En el mercado negro está, pero a un precio que no puede pagar.
«Yo no puedo pagarlo a ese precio.»
Y mientras tanto, la niña tiene asma. Ahora. En estos momentos. Y no hay quien le lleve el medicamento.
El contexto: el mercado negro de medicamentos, una industria de la desesperación
Esta denuncia sobre el «Sprey» en Santa Fe, Playa, se suma a un patrón que hemos documentado en múltiples entregas: la especulación con productos de primera necesidad mientras el Estado no garantiza el acceso.
Ya hemos denunciado:
- En Granma, el director de la Construcción desviaba pollos y huevos para venderlos en la calle a 2500 pesos el cartón.
- En Bayamo, el ganado del zoológico desaparecía y terminaba «en dos patas».
- En La Habana, los ómnibus públicos se usaban como transporte privado para choferes mientras el pueblo pagaba 300 pesos por 10 paradas.
- En Pinar del Río, la madera estatal se serraba en un aserrío particular que se quedaba con el 50%.
Y ahora, los medicamentos cubanos —producidos en el país, para los cubanos— no llegan a las farmacias estatales pero abundan en el mercado negro a precios de usura.
El patrón es idéntico: recursos que deberían llegar a la población (alimentos, transporte, madera, medicinas) son desviados hacia redes de corrupción y especulación. Y los más vulnerables —una madre con enfermedades crónicas, una niña operada de un tumor cerebral con asma crónica— son los que pagan las consecuencias.
El esquema real vs. el esquema ideal
En un esquema ideal, un medicamento producido en Cuba llega a las farmacias estatales. Los pacientes con tarjetones lo reciben gratis o a precios simbólicos. No existe mercado negro de fármacos. Las autoridades persiguen y castigan a quienes especulan con la salud.
En la Cuba real de abril de 2026, ocurre lo contrario: el Sprey cubano no está en las farmacias desde hace meses. Aparece en manos de particulares que lo venden a 2000 o 5000 pesos. No hay quien pare eso. Y una niña con asma crónica —que ya sobrevivió a un tumor cerebral— no puede respirar bien porque su madre no tiene dinero para comprarlo en el mercado negro.
El mensaje para las familias cubanas es cruel: si tienes dinero, compras tu salud en el mercado negro. Si no tienes, te quedas sin medicamento. Y si eres una niña operada de un tumor cerebral con asma crónica, tu única opción es aguantar la crisis y esperar que el Sprey llegue algún día a la farmacia.
«Qué triste»
La denunciante cierra su testimonio con dos palabras que resumen el sentir de millones de cubanos:
«Qué triste.»
No hay más que añadir. Una madre que cuida a una hija operada de un tumor cerebral no debería tener que preocuparse por conseguir un aerosol para el asma. Un medicamento producido en Cuba no debería estar fuera del alcance de los cubanos. Un país que invierte en ciencia y tecnología no debería tener a su población desabastecida mientras los especuladores se enriquecen.
Pero aquí estamos. En abril de 2026. Con una madre en Santa Fe, Playa, que no puede comprar el Sprey para su hija asmática. Con particulares vendiéndolo a 5000 pesos. Y con las autoridades, una vez más, ausentes.
Resumen:
Una madre residente en Santa Fe, Playa, que padece hipertensión, diabetes y asma, denuncia que desde hace meses no entra el «Sprey» (aerosol para el asma) en las farmacias estatales. Su hija, operada de un tumor cerebral, sufre asma crónica y necesita el medicamento, especialmente con los cambios de tiempo. Mientras las farmacias no tienen el producto —que es cubano, no importado—, particulares lo venden a precios de entre 2000 y 5000 pesos. «Es abusivo», denuncia. «No tienen escrúpulo, sabiendo que es para un enfermo. No hay quien pare eso. Qué triste.»
Nota final:
Esta denuncia no es solo sobre un medicamento. Es sobre un sistema que falla a los más vulnerables. Una niña que ya venció un tumor cerebral no debería estar luchando ahora por respirar. Una madre que cuida de ella no debería tener que elegir entre comprar comida o comprar un aerosol para el asma de su hija.
El Sprey es cubano. Se produce aquí. Y sin embargo, no está en las farmacias. Está en el mercado negro. ¿Cómo llega hasta allí? ¿Quién lo desvía? ¿Por qué las autoridades no actúan?
Estas preguntas no son nuevas. Llevamos años haciéndolas. Y llevamos años sin respuestas.
Mientras tanto, en Santa Fe, Playa, una madre sigue buscando el Sprey para su hija. En la farmacia le dicen que no. En el mercado negro le piden 5000 pesos. Y ella no puede pagarlos.
¿Hasta cuándo, autoridades sanitarias? ¿Hasta cuándo, Ministerio de Salud Pública? ¿Hasta cuándo, control de medicamentos?
Una niña con asma crónica no puede esperar. Su madre tampoco.














