Una madre cuya hija está presa en el centro de mujeres de Occidente describe un panorama desolador: arroz negro, agua contaminada, ratas, chinches, piojos y mujeres que llevan hasta tres años sin juicio. Pide a las autoridades que actúen y a los organismos de derechos humanos que intervengan.
Un desgarrador testimonio ha llegado a nuestra redacción. Una madre describe las condiciones en las que se encuentra su hija y otras mujeres recluidas en el centro penitenciario femenino de Occidente. Su relato pinta un cuadro de abandono, hacinamiento, insalubridad y violación sistemática de los derechos humanos más básicos.
Las condiciones: «La comida es para animales»
La denunciante es gráfica en su descripción de la alimentación:
- «Hoy el arroz es de color negro».
- «La comida es para animales».
Una alimentación deficiente no solo afecta la salud física, sino que es una forma de maltrato institucional.
El agua: sucia y con bichos
El acceso al agua potable, un derecho humano fundamental, brilla por su ausencia:
- «El agua sucia y con bichos».
- «Casi nunca hay corriente» (agua por tuberías).
La falta de agua potable y de electricidad convierte la vida en el centro en una lucha diaria por la supervivencia.
La salud: enfermas sin atención
Las consecuencias para la salud de las internas son graves:
- «Se enferman y no hay nada para un dolor, menos para las que padecen de asma de los nervios».
- No les dan sol, un elemento básico para la higiene y la prevención de enfermedades.
El hacinamiento: 55 mujeres en una galera
El hacinamiento alcanza niveles intolerables:
- «Es preocupante la cantidad de mujeres juntas en una galera con poca capacidad».
- «En los baños mínimo son 55 mujeres juntas».
Esta concentración de personas en espacios reducidos es un caldo de cultivo para enfermedades, violencia y degradación humana.
La justicia: años esperando juicio
Uno de los aspectos más graves de la denuncia es la situación legal de las internas:
- «Mujeres que llevan 1 año, 2 y hasta 3 sin sanción, esperando juicio».
- La justificación oficial: «no hay juez ni fiscal».
- Pero cuando las familias solicitan un cambio de medida, «no aceptan, no les importa que esperen si el preso es basura».
Esta declaración refleja una percepción desgarradora: para el sistema, las presas son «basura», y su tiempo, su sufrimiento, no importa.
Las madres y los hijos: un vínculo roto
La denunciante, que es madre de una interna, pone el foco en las consecuencias familiares:
- «Madres con hijos que los ven cada 10 días».
- «Los niños lloran al salir».
La separación forzada y las visitas espaciadas rompen el vínculo materno-filial y causan un daño psicológico profundo en los menores.
Las condiciones sanitarias: un foco de enfermedades
El ambiente dentro del centro es descrito como insalubre en extremo:
- «Todo tupido».
- «Peste a fosa».
- «Ratas en las galeras».
- «Chinche, piojo».
Estas condiciones son una violación flagrante de la dignidad humana y un riesgo para la salud de todas las internas.
El trato desigual: extranjeras con privilegios
La denunciante señala una disparidad que indigna:
- «Las extranjeras tienen privilegios ahí mismo».
- «Y en tu país eres basura».
Un trato diferenciado que subraya la falta de valor que el sistema otorga a sus propias ciudadanas.
El llamado desesperado
La madre concluye con un ruego a las autoridades:
- «Por favor hago un llamado a las autoridades de este país, a los derechos humanos».
- «Revisen los expedientes, pongan multas, creo una estrategia, pero no dejen morir más presos en este país».
- «No abusen más, no den la espalda al pueblo cubano».
- «Tomen medidas, pongan a los responsables a trabajar».
- «Los niños sufren por sus madres».
- «Reflexionen, no sean indolentes».
Resumen: Una madre denuncia las condiciones inhumanas en el centro penitenciario femenino de Occidente: arroz negro, agua sucia con bichos, 55 mujeres hacinadas en una galera, ratas, chinches, piojos, falta de atención médica y mujeres que llevan hasta tres años sin juicio. Las madres ven a sus hijos cada 10 días. Las extranjeras tienen privilegios. La denunciante pide a las autoridades y a los organismos de derechos humanos que intervengan.
Nota: Esta denuncia es un aldabonazo en la conciencia de cualquier persona con un mínimo de humanidad. Describe un sistema penitenciario que no castiga, sino que destruye; que no rehabilita, sino que degrada; que no garantiza derechos, sino que los pisotea. Mujeres que esperan años un juicio, alimentadas con arroz negro, bebiendo agua con bichos, durmiendo entre ratas, separadas de sus hijos. Y mientras tanto, las autoridades miran hacia otro lado.













