El colapso energético y la ausencia estatal llevan a comunidades enteras a salir a las calles para exigir servicios básicos.
La paciencia de los habitantes de Santiago de Cuba se ha agotado. Tras más de veinte días sumidos en la oscuridad tras el paso del huracán Melissa, vecinos del barrio El Carmen, en la zona de Mar Verde, protagonizaron una nueva protesta, bloqueando la vía principal durante casi una hora para exigir la restauración de un servicio tan básico como la electricidad.
Las imágenes, compartidas por el comunicador independiente Yosmany Mayeta Labrada, muestran a hombres, mujeres y familias enteras, exhaustas y frustradas, reclamando no solo la luz, sino también la presencia de una autoridad que escuche su clamor. Un vecino resume la indignación colectiva: «Mira esto, en el Carmen… tráfico cerrado para que pongan la corriente».



La desesperación de la comunidad contrasta brutalmente con la versión oficial. Mientras la Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba afirmaba que el 82% de los clientes del municipio ya tenía servicio, en El Carmen la realidad era otra: un barrio olvidado, aún sin suministro eléctrico y viviendo entre los escombros dejados por el ciclón y la falta de agua potable.



Según los reportes, durante la protesta no apareció ningún representante del gobierno municipal, del Consejo Popular ni de la empresa eléctrica, evidenciando la soledad en la que se encuentra el pueblo. Solo cuando la situación escaló y llamó la atención de medios internacionales como la AP, las autoridades, incluido el director de la Unión Eléctrica, se hicieron presentes, patrón que se repite: la respuesta estatal solo llega cuando la protesta estalla.



Esta manifestación no es un hecho aislado. En los últimos días, protestas similares han estallado en otros puntos de Santiago de Cuba, como Vista Hermosa, Altamira, La Loma de Chicharrones y San Pablo. En todos los casos, el denominador común es el mismo: semanas sin electricidad, extrema carencia de servicios básicos y una respuesta estatal que, cuando llega, suele materializarse primero con la presencia de fuerzas policiales y de seguridad para contener a los manifestantes, en lugar de cuadrillas técnicas para solucionar el problema. «La resistencia del pueblo tiene un límite, y la dignidad también exige luz», escribió Mayeta, una frase que encapsula el grito de una provincia que ha dicho «basta» a sobrevivir en la oscuridad y el abandono.














