En Yara, una madre de 80 años con múltiples enfermedades fue excluida de las ayudas tras las inundaciones: «La trabajadora social dijo que estaba apurada y se fue»

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La madre del denunciante, una mujer de 80 años que vive sola en calle Hatuey #15 en Yara, padece diabetes, hipertensión, asma y cardiopatía. Afectada por las crecientes del río, su vivienda se inundó en varias ocasiones. Mientras a todos los vecinos de la cuadra les repusieron los colchones, a ella solo le dieron uno personal tras «pura guerra y discusión». En la última inundación, cuando el río volvió a crecer, la excluyeron de las ayudas porque no estaba en casa por problemas de salud. La trabajadora social, cuando su hija intentó mostrarle las condiciones de la vivienda, dijo que «estaba apurada» y se fue.

Un ciudadano de Yara, Granma, ha contactado a nuestra redacción para denunciar la exclusión de su madre de las ayudas destinadas a los damnificados por las inundaciones. La señora, de 80 años, vive sola en la calle Hatuey #15 y padece múltiples enfermedades: diabetes, hipertensión, asma y cardiopatía. Su vivienda ha sido afectada en varias ocasiones por las crecientes del río, pero las autoridades la han ignorado sistemáticamente.

Los hechos: una madre vulnerable, una cuadra atendida

El denunciante relata:

«Mi propia madre, que vive en calle Hatuey #15 entre Céspedes y Maceo, una persona vulnerable, vive sola, diabética, hipertensa, asmática y cardiópata».

«Ha sido afectada por las inundaciones provocadas por las crecientes del río en varias ocasiones. Se ha mojado todo».

«Una vez dieron colchones para los vulnerables. A todos los de la cuadra les repusieron los colchones. A ella se le mojaron uno personal y el otro camero. A pura guerra y discusión le dieron un personal».

La última inundación: excluida por no estar en casa

El ciudadano explica cómo su madre fue dejada de lado la última vez:

«Lamentablemente volvió a entrar el río y a todos les dieron colchones y un módulo por la iglesia».

«Por mi madre no encontrarse en ese momento en la casa por problemas de salud, pues fue excluida de todo».

La trabajadora social: «estaba apurada»

El denunciante describe la actitud de la funcionaria encargada:

«Cuando mi hermana le pidió a la trabajadora social que entrara al cuarto para que viera en las condiciones donde vive mi madre, le dijo que estaba apurada».

«Mi hermana la tuvo que entrar a empujones a la casa».

«Y ni así hay respuesta de nada».

El contexto: Yara, un municipio marcado por las denuncias de corrupción

Esta denuncia se suma a las múltiples que este medio ha publicado sobre Yara. El 25 de marzo, vecinos denunciaron que Ludi Vina Ramírez González, una anciana de 87 años que vive sola, recibió un colchón personal que no le servía porque su cama era camero, mientras otra vivienda recibió dos colchones porque su nieto trabaja en el gobierno .

El 15 de marzo, se denunció que el intendente Lázaro Gómez y el viceintendente Maikel Matos habían acaparado colchones destinados a damnificados, repartiéndolos entre familiares y amigos .

El 14 de marzo, vecinos denunciaron que Lázaro Gómez había cobrado 50 mil pesos por cada colchón que entregó a sus amigos, y que solo los devolvió tras la presión popular .

Resumen:

Un ciudadano denuncia que su madre, de 80 años, que vive sola en Yara y padece múltiples enfermedades, fue excluida de las ayudas tras las inundaciones. Mientras a todos los vecinos de la cuadra les repusieron los colchones, a ella solo le dieron uno personal tras «pura guerra». En la última inundación, como no estaba en casa por problemas de salud, fue excluida de todo. La trabajadora social, cuando su hija intentó mostrarle las condiciones de la vivienda, dijo que «estaba apurada» y se fue.

Nota final:

El caso de esta madre de 80 años es un ejemplo más de cómo los más vulnerables son los primeros en ser olvidados. Mientras los vecinos de su cuadra recibían colchones y módulos, ella —que vive sola, que es diabética, hipertensa, asmática y cardiópata— fue excluida porque no estaba en su casa cuando llegaron las ayudas. La trabajadora social, que debía ser su aliada, le dijo a su hija que «estaba apurada» y se fue, sin importarle las condiciones de la anciana.

La respuesta de las autoridades de Yara, que ya han sido señaladas por desviar colchones y favorecer a sus amigos y familiares , parece ser la misma para todos los que no tienen padrinos: indiferencia. La madre de este denunciante no necesita un colchón personal que no le sirve; necesita que le repongan los dos colchones que perdió, que le entreguen el módulo que le correspondía, y que la trabajadora social haga su trabajo.

Las autoridades de la Fiscalía, la Contraloría y el Partido en Granma tienen la palabra. Pero mientras tanto, esta anciana de 80 años sigue esperando. Y la trabajadora social, «apurada», sigue sin responder.

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