Un trabajador denuncia que Osmani, jefe de turno de la panadería de Río Yara, en Bartolomé Masó, Granma, sustrae harina del Estado reduciendo el peso del pan destinado a la población. Con la materia prima robada, elabora panes que vende a 30 pesos a particulares, y guarda los productos en casa de un trabajador llamado Rudy, desde donde se comercializan de noche. El gobierno y la administración conocen el negocio y lo protegen. Osmani ya compró un motor de combustión en Holguín por 2,300 dólares con las ganancias ilícitas.
Un trabajador de la panadería de Río Yara, en el municipio Bartolomé Masó, Granma, ha contactado a nuestra redacción para denunciar una red de corrupción que opera con total impunidad en el centro, donde se elabora el pan de la canasta básica. El denunciante, que pidió mantener su identidad en el anonimato por temor a represalias, revela un esquema sistemático de desvío de materia prima y venta ilegal de pan.
Los hechos: gramaje reducido, pan que falta
El denunciante relata:
- «Existe un jefe de turno llamado Osmani que se dedica a bajarle el gramaje al pan con la finalidad de robarse la materia prima excedente».
- «Luego la vende o la emplea haciendo más panes que vende a 30 pesos a la población».
- «Guarda los recursos robados en la casa de un trabajador llamado Rudy, donde la venden en horario de la noche para que nadie los vea».
La complicidad de las autoridades
El testimonio señala que las irregularidades son conocidas por las instancias superiores:
- «Todo esto es del conocimiento del gobierno y la administración de la panadería y no hacen nada, ya que a ellos les conviene este negocio».
La farsa del arrendamiento
El denunciante revela la maniobra utilizada para legalizar las ventas ilegales:
- «Luego de una denuncia en Facebook, decidieron, como tapadera, arrendar la panadería entre ellos mismos y justificar estas ventas de pan hecho con la propia harina que viene para la población».
- «De esta forma dicen que compran la harina en las Mipymes para elaborar el pan».
- «Compran una parte de la harina y el resto usan la misma que han robado al bajar el gramaje del pan».
El enriquecimiento: un motor de combustión de 2,300 dólares
El denunciante aporta un dato concreto sobre el nivel de vida del jefe de turno:
- «Ya el jefe de turno Osmani mandó a comprar un motor de combustión en Holguín que le costó unos 2,300 dólares, gracias a sus negocios ilícitos».
El contexto nacional: la crisis del pan en Cuba
La denuncia de Bartolomé Masó se suma a las múltiples que este medio ha publicado sobre la corrupción en la industria panadera. El 1 de abril, vecinos de Los Cayos, Yara, denunciaron que el administrador de la panadería local recogió las libretas de abastecimiento y anotó el pan en días sin ventas para justificar el desvío de materia prima. La empresa de Pan y Dulce, dirigida por Luis Carlos Toledo, fue señalada como responsable del saqueo.
El 31 de marzo, vecinos de Manzanillo denunciaron que llevaban meses sin pan de calidad y que el director de la Empresa de Pan y Dulces lucía un auto Peugeot 301 blanco mientras los trabajadores eran explotados. El 30 de marzo, vecinos de La Sal, Yara, denunciaron que la panadería local llevaba 20 días sin producir pan para la población, mientras los panaderos vendían por su cuenta el producto a 150 pesos.
Resumen:
Un trabajador de la panadería de Río Yara, Bartolomé Masó, denuncia que el jefe de turno Osmani baja el gramaje del pan de la canasta para robar harina. Con la materia prima desviada, hace panes que vende a 30 pesos a particulares, guardando los productos en casa de un trabajador llamado Rudy para venderlos de noche. El gobierno y la administración conocen y protegen el negocio. Como tapadera, arrendaron la panadería entre ellos mismos para justificar las ventas. Osmani ya compró un motor de 2,300 dólares con las ganancias ilícitas.
Nota final:
La denuncia de Bartolomé Masó describe un mecanismo perverso que afecta directamente a la población más necesitada: el pan de la bodega, que debería llegar con el peso y precio establecidos, se reduce en gramaje para que el jefe de turno pueda robar harina. Con esa harina, elabora panes que vende a 30 pesos, un precio que, aunque inferior al del mercado negro, sigue siendo un lujo para muchos.
La complicidad del gobierno y la administración es el elemento más grave. No es un acto aislado de un trabajador corrupto: es un sistema que se sostiene porque quienes deben controlar se benefician. La farsa del arrendamiento —decir que compran harina a Mipymes cuando en realidad usan la robada— es un intento de legalizar lo ilegal.
Las autoridades de la Fiscalía, la Contraloría y el Partido en Granma tienen la palabra. La panadería de Río Yara debería ser inspeccionada, y Osmani, Rudy y los administradores cómplices, investigados. Porque mientras el pan de la bodega falta, el pan que se vende a 30 pesos abunda. Y el pueblo, que recibe menos de lo que le corresponde, sigue pagando las consecuencias.














