Nereida habría mentido en reunión municipal sobre el uso de combustible alternativo para cocinar pan, mientras en realidad los administradores compran petróleo por fuera y las panaderías no producen. Su hijo, recién trasladado, se llevó los frenos eléctricos y dejó una panadería sin corriente.
Una nueva denuncia desde el municipio Marianao, en La Habana, expone una situación insostenible en la Unidad Básica de Industria Alimentaria (UBIA) local. Trabajadores del sector, que piden mantener su identidad en reserva por temor a represalias, reportan que la directora Nereida ha llegado al extremo de mentir en una reunión municipal para encubrir la verdadera situación de las panaderías bajo su mando.
La mentira en la reunión municipal
Según el testimonio recibido, hace dos o tres días Nereida participó en una reunión en el municipio. En ese encuentro, la directora planteó que, debido al déficit energético que enfrenta el país, ella había tomado la iniciativa de comprar carbón y leña para cocinar la producción de pan, en sustitución del petróleo.
El denunciante es categórico: «Eso es mentira». Explica que en las panaderías que cocinan con petróleo, lo único que los administradores han llevado es «unas leñas», pero el carbón «nunca se compró». Y si se hubiera comprado, plantea las preguntas incómodas: «¿Con qué dinero lo compró? ¿Con qué cheque?»
Lo más grave, según el testimonio, es que «ningún responsable visitó esas panaderías para ver si era verdad». La mentira fue aplaudida en la reunión, pero nadie se tomó el trabajo de constatarla.
La realidad: petróleo comprado por fuera y pan que no llega
El denunciante explica cuál es la verdadera dinámica: «Los administradores tratan de resolver la situación de otra manera, ese poquito de leña es para justificar el petróleo que se compra por fuera». Es decir, el combustible estatal que debería destinarse a la producción de pan se desvía, y para justificar su ausencia se inventan historias de combustibles alternativos.
Mientras tanto, «hay consumidores que han ido a las panaderías y en varias ocasiones no hay pan». La producción se resiente, y la población paga las consecuencias.
Lo del carbón es particularmente absurdo, según el denunciante: «No tiene dinero para pagarle un salario decente a los trabajadores y vas a comprar carbón que, cuando aparece, está a 2500 y 3000 pesos».
El hijo de Nereida y la panadería 24 de Febrero
La denuncia también revela movimientos internos en la estructura de la UBIA. El hijo de Nereida, identificado como Yulia —aunque podría tratarse de un error de transcripción y referirse a la persona que «está dirigiendo la empresa»—, andaba por el municipio La Lisa buscando trabajo, es decir, intentando cambiarse de municipio.
En la panadería 24 de Febrero pusieron una administradora nueva, pero este tipo «seguía ahí». Cuando finalmente decidió irse, cometió un acto que el denunciante califica de sabotaje: «Se llevó los break de electricidad que él había comprado y dejó la panadería sin corriente, y tuvieron que salir a comprarlos».
Una queja y una medida desconocida
Hoy mismo se produjo una queja en esa panadería por problemas con la producción de pan. Un miembro del consejo de dirección de la empresa se personó en el lugar, pero la medida adoptada «se desconoce». El silencio, una vez más, envuelve las actuaciones.
El perfil de Nereida: agrónoma dirigiendo panaderías
Un dato que los trabajadores no pueden pasar por alto: «Esta señora Nereida es graduada en Agronomía». El denunciante ironiza con que le hubiera quedado «muy bien ejercer su profesión dirigiendo una cooperativa agrícola, una vaquería o una caballería», e incluso suelta: «Le hubiera quedado perfecto y mucho mejor dirigiendo una buena cantidad de cabeza de ganado».
La frase, cargada de sarcasmo, refleja el sentir de trabajadores que ven a una directora completamente fuera de su perfil profesional manejando —y desbaratando— una unidad clave para la alimentación del municipio.
El miedo de los trabajadores
El denunciante reitera algo que ya ha aparecido en otras ocasiones: «Los trabajadores tienen miedo a hablar porque pierden su trabajo». El silencio de las autoridades ante las irregularidades no hace sino profundizar ese temor.
Y concluye con una frase que resume el abandono institucional: «El dolor y el sentir de los trabajadores no le preocupa a nadie. El silencio de las autoridades deja mucho que decir. Escribir, quejarse, es por gusto».
Resumen:
Trabajadores de la UBIA en Marianao denuncian que su directora, Nereida, mintió en una reunión municipal al afirmar que había comprado carbón y leña para suplir el petróleo en la producción de pan. En realidad, nunca se compró carbón, y la leña es solo una excusa para justificar el petróleo que los administradores compran por fuera. El hijo de Nereida, al irse de una panadería, se llevó los break eléctricos y dejó el local sin corriente. Los consumidores no encuentran pan y los trabajadores tienen miedo de hablar. Nereida es graduada en Agronomía, no en industria alimentaria.
Nota final:
Este caso, de confirmarse, sería un ejemplo más de cómo la falta de control, la mentira institucionalizada y la colocación de personas sin el perfil adecuado en puestos clave terminan destruyendo la producción y desmoralizando a los trabajadores. Que una directora mienta en una reunión municipal y sea aplaudida sin que nadie verifique sus palabras es una muestra del nivel de simulación al que se ha llegado. Que su hijo, al irse de una panadería, se lleve los break eléctricos y deje el local sin corriente es un acto de sabotaje que debería tener consecuencias. Pero mientras las autoridades callen y los trabajadores tengan miedo, Nereida y su familia seguirán haciendo y deshaciendo a su antojo. La pregunta es: ¿hasta cuándo?














