En la panadería Ciro Redondo, Yulia Grande —técnica de producción contratada por la directora Nereida— opera junto a su esposo un negocio paralelo: desvían harina, venden pan en su cafetería de 51 y 102, y hasta tienen un triciclo llamado «Eutelia» comprado con dinero robado. Pagan 100 mil pesos semanales a la directora para mantener la protección. Las inspecciones detectan pan bajo peso, pero no pasa nada.
Las denuncias sobre la corrupción en la UBIA de Marianao no cesan. En esta ocasión, el foco está puesto en la panadería Ciro Redondo y en la figura de Yulia Grande, una técnica de producción que, junto a su esposo —administrador de la panadería—, ha montado un negocio paralelo utilizando los recursos del Estado. Todo ello, según la denuncia, con el conocimiento y la protección de la directora de la UBIA, Nereida, a quien le pagan 100 mil pesos semanales para mantener la impunidad.
Los protagonistas: Yulia Grande y su esposo
La denuncia identifica a Yulia Grande como la verdadera jefa de la panadería Ciro Redondo, aunque formalmente el administrador sea su esposo. «Esta señora es la que manda en dicha panadería», afirma el denunciante.
Yulia no solo dirige, sino que también ejecuta personalmente las actividades ilícitas:
- Se encarga de «hacer todos los negocios sucios, incluyendo desvío de materia prima y venta de pan».
- Ha sido vista «conduciendo personalmente el triciclo» que ella y su esposo compraron «con el dinero que se han robado en la panadería, a costa del sufrimiento del pueblo».
El negocio paralelo: una cafetería propia
El matrimonio no se limita a robar materia prima, sino que tiene su propio punto de venta:
- Una cafetería ubicada en 51 y 102 (posiblemente entre 102 y 104).
- Allí venden el pan que producen con la harina desviada de la panadería estatal.
El soborno a la directora: 100 mil pesos semanales
La denuncia revela el mecanismo que garantiza la impunidad de la pareja:
- Yulia Grande «está trabajando en la empresa como técnica de producción, contratada por la directora Nereida».
- A cambio, «esta le abona a la directora 100 mil pesos semanal».
- Es decir, paga una cuota semanal de 100 mil pesos para mantener su puesto y la protección de sus actividades ilegales.
Las inspecciones: pan bajo peso y ninguna consecuencia
El denunciante señala que las inspecciones llegan a la panadería, detectan irregularidades —como pan bajo peso—, pero la directora no actúa contra Yulia. Al contrario, la ha convertido en «su directora adjunta, bandida como esta, es con la que a esta directora le gusta trabajar».
El triciclo «Eutelia» y las motos
La pareja ha utilizado el dinero robado para adquirir medios de transporte:
- Un triciclo al que Yulia ha puesto el nombre de «Eutelia».
- Dos motos: una en María Silvia y otra en Elpidio.
- Yulia misma conduce estos vehículos, mostrando con descaro el fruto de sus robos.
El despido de los maestros panaderos
La denuncia revela un dato escalofriante sobre cómo opera la pareja:
- Viven «sin maestro panadero, porque los botan cuando estos no le abonan los 90 mil pesos diarios».
- Es decir, exigen a los panaderos que les paguen 90 mil pesos diarios para poder trabajar; si no, los despiden.
El tamaño del pan: todos lo saben
El denunciante concluye con una frase que resume el conocimiento público de estas irregularidades: «Miren si es así que el tamaño del pan lo dicen todos». Una prueba de que la población es consciente de que la están estafando.
La crítica final: mientras sigan los mismos, todo igual
El denunciante hace un llamado a las autoridades superiores: «Mientras sigan mandando funcionarios de la EPIA, la situación va a seguir igual o peor. Mientras no manden una comisión que se respete y no tenga compromiso con la corrupción, no se detectarán los problemas. Para los trabajadores no hay quien los escuche».
Resumen: Una nueva denuncia sobre la UBIA de Marianao señala a Yulia Grande y su esposo, administrador de la panadería Ciro Redondo, de desviar materia prima y vender pan en una cafetería propia ubicada en 51 y 102. Yulia, contratada como técnica de producción por la directora Nereida, le paga 100 mil pesos semanales para mantener la protección. La pareja ha comprado un triciclo (bautizado «Eutelia») y dos motos con el dinero robado. Botan a los maestros panaderos que no les pagan 90 mil pesos diarios. Las inspecciones detectan pan bajo peso, pero la directora no actúa.
Nota: Este caso es uno de los más descarnados que hemos publicado sobre la corrupción en la industria alimentaria. Una pareja que ha hecho del robo al Estado un modus vivendi, que paga 100 mil pesos semanales a la directora para que los proteja, que tiene su propia cafetería donde venden el pan robado, que despide a los trabajadores que no les pagan, y que hasta bautiza su triciclo con el nombre de «Eutelia» como si fuera un trofeo. Y todo ello mientras la población recibe pan bajo peso y las inspecciones no sirven para nada.
La directora Nereida, que ya ha aparecido en denuncias anteriores por otros desfalcos, sigue en su puesto, protegiendo a los suyos y cobrando 100 mil pesos semanales. La EPIA, que debería controlar, no hace nada. Las autoridades de la Fiscalía, la Contraloría y el Partido tienen la palabra. Los trabajadores de Marianao, que no tienen quien los escuche, esperan que esta vez la comisión que venga sea de verdad y no otro grupo de corruptos disfrazados de controladores.









