Denuncian red de corrupción en el equipo de beisbol Industriales: falsificación de estadísticas, cobro de plazas y comercialización ilegal de implementos deportivos

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Enrique Rojas, Juan Francisco Cuellar y Fidel Ramirez Coll son señalados por un denunciante como los responsables de «negocios sucios y manejos turbios» dentro del equipo más popular del beisbol cubano. Rojas falsearía estadísticas a cambio de «fuertes sumas de dinero». Cuellar sería la «mano ejecutora» que comercia lo malversado. Ramirez Coll, con «serios problemas psiquiátricos y alcohólico patológico», habría provocado peleas y robos, mientras los directivos expulsan a quien lo denuncia, como ocurrió con el entrenador Javier Dreke en el hotel Tulipán.

Un denunciante, que se mantiene en el anonimato por temor a represalias en el entorno del beisbol cubano, ha contactado a nuestra redacción para exponer una «pequeña red de corrupción» dentro del equipo Industriales, la franquicia más popular y ganadora del beisbol en Cuba.

Según el testimonio, tres personajes clave operan de «manera solapada», haciendo daño a quienes los rodean y eliminando a todo aquel que se enfrenta a ellos o pone al descubierto «los negocios sucios y manejos turbios».

Los señalados son: Enrique RojasJuan Francisco Cuellar y Fidel Ramirez Coll.


Enrique Rojas: estadísticas falsas a cambio de dinero

El primer implicado, Enrique Rojas, es descrito como alguien que manipula las estadísticas de los jugadores para beneficiar a quienes pagan:

«Falsea las estadísticas de algunos jugadores para que estén en el equipo, cobrando fuertes sumas de dinero y algunas cosas más, como regalos y otras cosas.»

Además, el denunciante señala que Rojas participa activamente en «el comercio de útiles e implementos deportivos del equipo», lo que sugiere un desvío sistemático de pelotas, bates y otros materiales que deberían destinarse a los jugadores.


Juan Francisco Cuellar: la «mano ejecutora» de lo ilegal

El segundo implicado, Juan Francisco Cuellar, es descrito como el brazo operativo de la red:

«Es la mano ejecutora de todo lo que se mueve fuera de la legalidad. Es quien comercia y vende lo que se malversa y no llega a los jugadores.»

Según el testimonio, Cuellar sigue «fiel seguidor de las instrucciones» de los demás implicados, actuando como el encargado de dar salida en el mercado negro a los implementos deportivos que desaparecen del equipo.


Fidel Ramirez Coll: robos, peleas y un padrino que lo protege

El tercer implicado, Fidel Ramirez Coll, es descrito con términos particularmente duros:

«Con serios problemas psiquiátricos y alcohólico patológico, ha provocado peleas y problemas con varios jugadores y entrenadores del equipo, ya que es propenso al robo

El denunciante relata un episodio concreto ocurrido en el hotel Tulipán, durante el final de la Serie Nacional 63. El entrenador Javier Dreke sorprendió a Ramirez Coll «efectuando un robo» y reclamó. Lejos de resolver la situación, Ramirez Coll provocó una pelea.

El desenlace, según el testimonio, es revelador del funcionamiento de la red:

«Dreke, que defendió las cosas del equipo, fue expulsado del mismo.»

Mientras el entrenador que denunció el robo era expulsado, Ramirez Coll —el presunto ladrón— se mantuvo en el equipo, protegido por «estos personajes» que «sencillamente expulsan al afectado».


El modus operandi: corrupción solapada y eliminación de los que denuncian

El denunciante describe un patrón claro:

  1. Se cometen irregularidades (robo de implementos, falsificación de estadísticas, cobro de plazas).
  2. Cuando alguien las descubre y las denuncia internamente, los responsables activan sus mecanismos de protección.
  3. El denunciante es expulsado, sancionado o marginado.
  4. La red continúa operando.

«Hacen cosas que hacen daño de una manera solapada y sin medir el daño que hacen a todos los que les rodean, y eliminan a todos los que de una manera directa se enfrentan a ellos.»


El caso Dreke: un antecedente documentado

El episodio del hotel Tulipán que menciona el denunciante no es un hecho menor. El entrenador Javier Dreke es una figura conocida en el beisbol cubano. Que haya sido expulsado del equipo por defender los intereses del propio equipo —y que el presunto ladrón haya sido protegido— es un indicador de hasta qué punto la red de corrupción tiene poder dentro de Industriales.

El denunciante lo expresa con claridad:

«Cuando se le han comprobado las cosas, estos personajes sencillamente expulsan al afectado, protegiendo a este personaje.»


El contexto: el deporte cubano, también atravesado por la corrupción

Ahora, el beisbol —el deporte nacional, el orgullo de los cubanos— también aparece manchado por la corrupción. Estadísticas falsas para cobrar favores. Implementos que desaparecen para venderlos en el mercado negro. Jugadores que pagan por su puesto. Entrenadores que denuncian robos y son expulsados.


El esquema real vs. el esquema ideal

En un esquema ideal, las estadísticas del beisbol son sagradas. Los implementos deportivos llegan a los jugadores. Las plazas se ganan por mérito, no por dinero. Quien roba es expulsado. Quien denuncia es protegido.

En la Cuba real de abril de 2026, según esta denuncia, ocurre lo contrario: las estadísticas se compran, los implementos se venden en la calle, las plazas se cobran, el que roba se queda y el que denuncia es expulsado.

El caso de Javier Dreke es paradigmático: defendió las cosas del equipo, y por eso lo echaron. El mensaje para cualquier otro entrenador o jugador que quiera actuar con honestidad es claro: no lo hagas, o te vas.


Resumen:

Un denunciante anónimo expone una red de corrupción dentro del equipo de beisbol Industriales. Señala a Enrique Rojas por falsear estadísticas a cambio de «fuertes sumas de dinero» y comerciar con implementos deportivos. Señala a Juan Francisco Cuellar como la «mano ejecutora» que comercia lo malversado. Señala a Fidel Ramirez Coll, con «problemas psiquiátricos y alcoholismo patológico», por robos y peleas, protegido por la red mientras los denunciantes —como el entrenador Javier Dreke, expulsado tras sorprenderlo robando en el hotel Tulipán— son eliminados del equipo.


Nota final:

El beisbol en Cuba es más que un deporte. Es una religión laica. Es lo que une a familias, lo que llena estadios, lo que genera pasiones. Por eso duele más cuando la corrupción llega a la pelota.

Los aficionados no merecen estadísticas falsas. Los jugadores no merecen perder sus plazas porque no pudieron pagar. Los entrenadores no merecen ser expulsados por defender lo que es del equipo. Y el pueblo cubano no merece que sus ídolos deportivos estén manchados por el dinero sucio.

Las autoridades del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), la Comisión Nacional de Beisbol y el Partido tienen la palabra. Pero si el entrenador Dreke fue expulsado por denunciar un robo, ¿quién va a denunciar hoy?

La respuesta, lamentablemente, es la misma que en Granma, Bayamo, La Habana y Jagüey Grande: nadie. Porque denunciar cuesta el puesto. Porque los corruptos están protegidos. Porque «ellos sencillamente expulsan al afectado».

¿Hasta cuándo?

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