Un ciudadano denuncia que en las inmediaciones de la terminal de ómnibus de Banfield y el hospital Lenin, en Holguín, opera un punto de venta ilegal de cigarros criollos a gran escala. Mientras los fumadores no reciben el producto por la canasta básica, en la calle se comercializa la caja a 400 pesos. La denuncia apunta a un desvío sistemático de la producción que debería llegar a las bodegas.
Un ciudadano ha contactado a nuestra redacción para denunciar lo que califica como un «desvío gigantesco» de cigarros criollos en la ciudad de Holguín. Según su testimonio, en la zona comprendida detrás de la terminal de ómnibus de Banfield y el hospital Lenin, existe un punto de comercialización ilegal donde estos productos fluyen sin control, mientras la población no los recibe por los canales oficiales.
La ubicación: Banfield y Lenin, epicentro del desvío
El denunciante señala coordenadas muy precisas:
«El desvío gigantes de cigarros criollos que hay en Holguín detrás de la terminal de ómnibus de Banfield y hospital Lenin».
Una zona que, por su cercanía a dos puntos neurálgicos de la ciudad (una terminal de transporte y un centro hospitalario), permite un flujo constante de personas y, presumiblemente, de mercancía ilegal.
El contraste: bodegas vacías, calles abastecidas
El denunciante plantea la contradicción que viven a diario los fumadores holguineros:
«No hay para la canasta básica».
«Hay que pagar a 400 la caja por la calle».
Esta cifra de 400 pesos por cajetilla coincide con los precios que se manejan en el mercado informal de cigarros criollos, según múltiples reportes de la prensa independiente . En contraste, el precio oficial de estos cigarros en las bodegas es de apenas 30 pesos la cajetilla .
El contexto: una crisis que viene de lejos
La denuncia se enmarca en una problemática que trasciende Holguín. La producción nacional de cigarros ha enfrentado serias dificultades en los últimos años. Según reportes de prensa, en 2024 solo se alcanzó el 74% de la producción planificada, afectada por escasez de materias primas, paralizaciones por ciclones y daños en las fábricas .
Sin embargo, la estabilidad productiva de la Empresa de Cigarros Lázaro Peña en Holguín, única fabricante de cigarros negros Criollos en el país, ha aumentado paradójicamente la oferta del producto en el mercado informal . Esto sugiere que el problema no es solo de producción, sino de distribución y control.
¿De dónde salen los cigarros que se venden en la calle?
La pregunta que surge es inevitable: si las bodegas no reciben cigarros, ¿de dónde provienen los que se comercializan a 400 pesos detrás de Banfield? Usuarios en redes sociales han denunciado que en tiendas de La Habana los cigarros llegan en camiones de Brascuba, pero «nunca son puestos a la venta y son revendidos por los trabajadores de las unidades a los privados, quienes a su vez lo revenden a precios exorbitantes» .
Este mismo esquema podría replicarse en Holguín, donde la fábrica Lázaro Peña produce los cigarros, pero estos no llegan a los consumidores a través de las bodegas, sino que son desviados hacia canales ilegales que abastecen puntos como el denunciado detrás de Banfield.
El precio: una barrera infranqueable
El precio de 400 pesos por cajetilla, aunque inferior a los 1,500 o 3,500 pesos que llegan a alcanzar otras marcas en el mercado negro , sigue siendo inalcanzable para la mayoría de los cubanos. Considerando que el salario mínimo en Cuba es de 2,100 pesos mensuales , una cajetilla diaria supondría casi seis veces ese salario.
Resumen:
Un ciudadano denuncia la existencia de un punto de venta ilegal de cigarros criollos en Holguín, ubicado detrás de la terminal de ómnibus de Banfield y el hospital Lenin. Mientras la población no recibe el producto por la canasta básica, en la calle se vende la caja a 400 pesos. La estabilidad productiva de la fábrica Lázaro Peña contrasta con el desabastecimiento de las bodegas, lo que apunta a un desvío sistemático de la producción hacia el mercado negro.
Conclusión:
Esta denuncia, breve pero contundente, apunta al corazón de un problema que afecta a millones de cubanos: la desviación de productos de primera necesidad —o de consumo extendido, como los cigarros— hacia canales ilegales que enriquecen a unos pocos a costa del pueblo.
La ubicación señalada, detrás de la terminal de Banfield y junto al hospital Lenin, no es casual: son puntos de alto tránsito donde la mercancía ilegal puede moverse con cierta impunidad. Mientras tanto, en las bodegas, los cigarros no aparecen. Y los fumadores, muchos de ellos personas mayores con ingresos fijos, tienen que pagar 13 veces el precio oficial si quieren comprar en la calle.
Las autoridades de Holguín, del Ministerio del Interior y del sistema de inspección tienen la palabra. La fábrica Lázaro Peña produce. La pregunta es: ¿adónde va lo que produce?














