Un trabajador del sector educacional en Manzanillo denuncia que los salarios llegan sistemáticamente con demoras de hasta 10 días, mientras el desabastecimiento de alimentos, la falta de agua prolongada y la ausencia de combustible convierten la vida en «un infierno». Pide que alguien se apiade de ellos.
Un ciudadano de Manzanillo, en la provincia Granma, ha contactado a nuestra redacción para denunciar la situación límite que enfrentan los trabajadores del sector educacional y la población en general. Los salarios se atrasan sistemáticamente, los alimentos escasean, el agua no llega a varios sectores desde hace meses y el combustible brilla por su ausencia. «Es un infierno», resume.
Los salarios: un derecho que no llega a tiempo
El denunciante describe un problema recurrente:
- «El salario de Educación siempre se pone tarde, con hasta más de 10 días de retraso».
- «No pasa nada, el pueblo sigue sufriendo en silencio y aguantando».
- «Tenemos familia que mantener, y eso al menos es algo para sobrevivir tres días».
Los salarios atrasados no son un problema menor: significan familias que no pueden comprar alimentos, que no pueden pagar deudas, que no pueden sobrevivir.
El desabastecimiento: alimentos que no aparecen
A los retrasos salariales se suma la escasez:
- «A eso súmale el desabastecimiento de alimentos».
El agua: sectores con más de 8 meses sin servicio
La crisis hídrica golpea con especial dureza:
- «La falta de agua en distintos sectores por más de 8 meses».
Ocho meses sin agua no es una avería, es un abandono. Es un castigo.
El combustible: imposible salir del pueblo
La falta de combustible paraliza cualquier actividad:
- «No hay forma de combustible para salir de este pueblo a trabajar o a buscar alimentos».
El clamor: «que alguien se apiade de nosotros»
Resumen:
Un trabajador de Manzanillo denuncia que los salarios del sector educacional se atrasan sistemáticamente hasta 10 días, mientras la población enfrenta desabastecimiento de alimentos, falta de agua en algunos sectores por más de 8 meses y ausencia total de combustible. Pide visibilizar su situación porque «es un infierno».
Conclusión:
Esta denuncia, breve pero contundente, resume el calvario de miles de cubanos en estos días. Salarios que no llegan a tiempo, alimentos que no aparecen, agua que no corre y combustible que no existe. Manzanillo, como tantos otros pueblos, es un reflejo de la crisis que azota al país.
El trabajador de Educación que escribe no pide privilegios. Pide lo que le corresponde: su salario a tiempo, alimentos en las tiendas, agua en las tuberías, combustible para moverse. Cosas básicas que en cualquier lugar del mundo serían normales, pero que en la Cuba de hoy son un lujo.
Las autoridades de Manzanillo, de Granma y del gobierno central tienen la palabra. Pero el denunciante ya no espera respuestas. Solo pide que alguien, desde fuera, se apiade de ellos. Ojalá que su grito, publicado aquí, llegue a quienes pueden hacer algo. Aunque sea por piedad.














