Dulce Domínguez, identificada como responsable de los locales comerciales del sector, es señalada de disponer arbitrariamente de los espacios en beneficio de su esposo, hija y yerno, mientras persigue a quienes se atreven a denunciar su proceder.
Una nueva denuncia ciudadana sacude al sector de la cultura en La Habana. Trabajadores por cuenta propia vinculados a las llamadas librerías —espacios pertenecientes al Ministerio de Cultura— han alzado la voz para señalar a Dulce Domínguez, directora de estos locales, como responsable de una sistemática red de favoritismo, chantaje y tráfico de influencias que lleva años operando con total impunidad.

Los hechos denunciados
Según el testimonio recibido, Domínguez dispone de los locales comerciales «a su gusto», priorizando a sus familiares directos por encima de cualquier criterio técnico o necesidad institucional. La denuncia menciona específicamente que:

- Su hija tiene un local.
- Su yerno también opera uno.
- Su esposo, identificado en las fotografías aportadas, gestiona varios negocios en locales que ella misma le ha asignado, «sin importar la empresa».
El denunciante asegura que esta práctica no es nueva y que la directora «vive de los chantajes a los trabajadores por cuenta propia». Quienes se niegan a pagar o a someterse a sus condiciones, simplemente pierden el espacio. Quienes aceptan, obtienen beneficios que deberían estar reservados a procesos transparentes.

El modus operandi
La denuncia describe un patrón de conducta que incluye:
- Promesas incumplidas: Domínguez ofrece locales a determinadas personas, pero después, presuntamente con la colaboración de su esposo, les tiende «trampas» para desalojarlos o presionarlos. El caso de un conocido al que le hizo poner cristales en un local y luego le comunicó que «ya ese no era su local» es uno de los ejemplos citados.
- Favoritismo familiar: El núcleo duro de la familia Domínguez opera con total naturalidad en los espacios que ella controla, convirtiendo lo que debería ser una gestión pública en un negocio privado.
- Represalias contra denunciantes: La directora, siempre según el testimonio, «vota a los trabajadores de años que denuncian su mal proceder». Es decir, aquellos que llevan tiempo en el sector y se atreven a hablar, son desplazados.
Denuncias acumuladas, impunidad sostenida

Uno de los aspectos más alarmantes del caso es que, según el denunciante, Dulce Domínguez «tiene varias denuncias y sigue en el mismo puesto de trabajo». Esta información, de confirmarse, apuntaría a una protección desde instancias superiores que permitiría que la funcionaria continúe operando a pesar de los señalamientos en su contra.
El esposo: socio y ejecutor
El texto señala explícitamente al esposo de Domínguez como «el que hace todo por ella», sugiriendo que ambos operan como una unidad de negocio dentro de las estructuras del Ministerio de Cultura. Las fotografías que acompañan la denuncia muestran a la pareja en distintas actividades, y el denunciante lo identifica como parte activa del entramado.
Contexto institucional
Los locales afectados pertenecen al Ministerio de Cultura, una institución que en los últimos años ha enfrentado múltiples críticas por la gestión de sus espacios y la falta de transparencia en la asignación de los mismos a trabajadores por cuenta propia. Este caso, de confirmarse, evidenciaría que dichas prácticas no solo continúan, sino que están institucionalizadas desde la dirección.
Resumen: Una denuncia ciudadana señala a Dulce Domínguez, directora de librerías pertenecientes al Ministerio de Cultura, como responsable de una red de favoritismo familiar y chantajes a trabajadores por cuenta propia. Su hija, yerno y esposo operan locales bajo su protección, mientras quienes denuncian su proceder son desplazados. A pesar de las denuncias acumuladas, la funcionaria continúa en su cargo.
Nota: Este caso, si se confirma, sería un ejemplo más de cómo la gestión cultural en Cuba se ha convertido, en algunos sectores, en un cortijo familiar donde lo público se administra como privado.













