Un jefe del grupo ASCUBA viaja al extranjero mientras el aceite de cocina se comercializa en la calle a más del triple de su precio oficial. La población pregunta: ¿con qué dinero viajan y por qué no se frena la especulación?
Mientras las familias cubanas hacen malabarismos para conseguir un pomo de aceite —producto básico en cualquier cocina—, en las calles y redes sociales se multiplican las ofertas de este alimento a precios que desafían cualquier lógica salarial. La denuncia que llega a nuestra redacción no solo apunta a la especulación desenfrenada, sino también a un contraste que muchos consideran insultante: los mismos que deberían controlar, viajan. Y viajan lejos.



El viaje de ASCUBA: ¿con qué dinero?
Un lector nos escribe para preguntar, con toda la razón del mundo, cómo es posible que un jefe del grupo ASCUBA, perteneciente al MINAZ en Cuba, viaje a varios países. La pregunta no es ingenua: en un país donde la gasolina escasea, los apagones se miden en horas y los salarios no alcanzan para llenar un carrito de compras, ¿de dónde sale el financiamiento para viajes al extranjero de funcionarios?
El denunciante, residente en La Habana, no pide nombres ni cargos específicos. Solo formula una interrogante que muchos se hacen en silencio: ¿con qué dinero viajan nuestros directivos mientras el pueblo no encuentra aceite a precio legal?
El aceite: de 1,000 pesos a 3,000 en la calle
Pero el asunto no termina ahí. Porque mientras algunos viajan, otros venden. Y venden caro.
Las evidencias que acompañan esta denuncia son elocuentes: capturas de perfiles de Facebook desde Bayamo donde se ofrece aceite de cocina a precios que oscilan entre los 2,100 y los 3,000 pesos por pomo. Hay quien incluso ofrece descuentos por volumen: 2,800 pesos por pomo si se compra la caja completa.
Y aquí viene el dato que enciende todas las alarmas: según el denunciante, ese mismo aceite puede encontrarse en algunos lugares entre 1,100 y 1,300 pesos. Pero lo más grave es que el Estado lo había fijado oficialmente —»por defecto», dice el texto— en aproximadamente 1,000 pesos.
La diferencia es brutal. Y la pregunta también: ¿dónde está el aceite que debería llegar a la población a precio regulado? Porque si en la calle se vende al triple, es porque alguien lo está desviando.
La ruta del aceite: del acopio a la especulación
Lo que describe esta denuncia no es un hecho aislado. Es un patrón que se repite con el aceite, con el arroz, con la leche, con el pollo. Productos regulados que «desaparecen» de las tiendas estatales y reaparecen milagrosamente en manos de revendedores, a precios que multiplican por tres, cuatro o cinco su valor oficial.
La pregunta incómoda: ¿hay complicidad? Porque para que un pomo de aceite salga del circuito estatal y termine en una publicación de Facebook ofreciendo delivery a domicilio, alguien tuvo que sacarlo de algún lado. Y ese alguien, necesariamente, tuvo que tener acceso.
Dos realidades, un solo país
Mientras tanto, el jefe de ASCUBA viaja. No sabemos a qué países. No sabemos con qué agenda. Pero sabemos —porque lo vivimos— que en Cuba el aceite se ha convertido en un lujo. Sabemos que hay familias que llevan semanas sin cocinar con grasa. Sabemos que hay madres que priorizan un pomo de aceite antes que un medicamento, porque sin aceite no hay comida, y sin comida no hay vida.
Y entonces la pregunta se vuelve política, en el sentido más profundo de la palabra:
¿Para quién gobierna el que permite que un funcionario viaje mientras su pueblo no encuentra aceite?
Invitación a compartir
Este es un tema que duele en la mesa de cada cubano. Por eso queremos abrir el espacio para que ustedes, nuestros lectores, nos cuenten:
👉🏻 ¿A qué precio has comprado aceite en tu provincia?
👉🏻 ¿Has visto ofertas en redes sociales?
👉🏻 ¿Conoces casos de funcionarios que viajan al exterior mientras los productos básicos desaparecen?
👉🏻 ¿Qué crees que debería hacer el Estado para frenar la especulación y los desvíos?
Comparte tu experiencia. La especulación se alimenta del silencio. Hablemos.
Nota Esta denuncia no busca señalar a un funcionario en particular ni a una institución específica. Busca poner sobre la mesa una contradicción insostenible: no se puede pedir sacrificio al pueblo mientras una parte de la dirigencia vive —o viaja— como si la crisis no existiera. El aceite que falta en las bodegas y sobra en las redes sociales es el síntoma de algo más profundo: la pérdida de control, la erosión de la confianza y la sensación —cada vez más extendida— de que hay quienes se salvan del naufragio en botes que no son de todos.














