Vecinos de Ferrocarriles de Yara, desde el puente hasta la línea Sofía, claman por ayuda tras perder electrodomésticos, colchones, ropa y enseres en la reciente inundación. Denuncian que las autoridades priorizaron otras zonas menos afectadas, mientras ellos siguen esperando. Solo la Iglesia Católica les ha tendido la mano. «Estamos cansados de esperar, inconformes, nerviosos e impacientes», afirman.
Un grupo de vecinos de la zona de Ferrocarriles de Yara, en la provincia Granma, ha contactado a nuestra redacción para denunciar el abandono en el que se encuentran tras la reciente inundación que azotó la localidad. A pesar de ser una de las áreas más afectadas —donde el agua llegó al pecho—, las ayudas gubernamentales han priorizado otras zonas donde el nivel del agua apenas alcanzaba el tobillo. Los damnificados, que lo perdieron casi todo, claman por sensibilidad humana.
Los daños: pérdidas totales
Los vecinos describen las pérdidas sufridas tras la inundación:
- Fríos (refrigeradores).
- Televisores.
- Vasijas.
- Colchones.
- Sábanas.
- Zapatos.
- «La poca ropa con la que contábamos».
Una lista que refleja la magnitud del desastre: familias que lo han perdido todo, que han visto cómo el agua se llevaba lo poco que tenían.
La injusticia en la distribución de ayudas
Lo que más indigna a los damnificados es la desigualdad en la distribución de las donaciones:
- «Han repartido colchones, camarotes, mochilas, comida, etc., y nosotros nada».
- «Priorizaron una zona donde el agua llegó al tobillo. Aquí, donde llegó al pecho, nos ignoraron».
- «Las trabajadoras sociales dicen que a ellas no les asignaron colchones cameros para esta zona».
Es decir, las autoridades saben que esta zona es la más afectada, pero aun así las ayudas no llegan.
Los olvidados: niños y personas mayores
Los denunciantes subrayan que entre los afectados hay «niños y personas mayores pasando trabajo». Los más vulnerables, los que más necesitan protección, son los que están siendo ignorados.
La única ayuda: la Iglesia Católica
En medio de la desolación, una institución ha tendido la mano:
- «Solo la Iglesia Católica nos ha ayudado, gracias a ellos, en particular».
Un contraste que debería avergonzar a quienes tienen la responsabilidad de asistir a la población en situaciones de desastre.
El clamor: honestidad y respeto
Los vecinos concluyen con un llamado a las autoridades:
- «Tomen conciencia de saber cómo aliviar el dolor ajeno».
- «Trabajen con honestidad y respeto al pueblo humilde».
Las pruebas
La denuncia incluye cuatro fotografías que muestran los daños causados por la inundación y las condiciones en que viven los damnificados.



Resumen:
Vecinos de la zona de Ferrocarriles de Yara, desde el puente hasta la línea Sofía, denuncian que tras la inundación perdieron electrodomésticos, colchones, ropa y enseres. A pesar de ser una de las áreas más afectadas (agua al pecho), las ayudas gubernamentales han priorizado zonas donde el agua apenas llegaba al tobillo. No han recibido colchones, camarotes, mochilas ni comida. Las trabajadoras sociales dicen que no les asignaron ayudas. Solo la Iglesia Católica les ha tendido la mano. Entre los afectados hay niños y personas mayores. Exigen honestidad y respeto.
Conclusión:
Este caso es un ejemplo más de cómo la burocracia, la insensibilidad o la corrupción pueden convertir una tragedia natural en una injusticia humana. Familias que lo perdieron todo, que vieron cómo el agua se llevaba sus pocas pertenencias, siguen esperando una ayuda que no llega. Mientras tanto, otras zonas menos afectadas han sido priorizadas. La pregunta es inevitable: ¿quién decide el reparto de las donaciones? ¿Con qué criterios se asigna la ayuda?
Las trabajadoras sociales se lavan las manos: «a nosotras no nos asignaron». Pero alguien asignó. Alguien decidió que los de Ferrocarriles de Yara no merecían colchones, ni comida, ni nada.
La Iglesia Católica, una vez más, ha demostrado estar más cerca del pueblo que las instituciones del Estado. Mientras las autoridades se olvidan, la fe tiende puentes.
Las autoridades de Yara, de Granma, del Gobierno provincial, tienen la palabra. Los damnificados de Ferrocarriles no pueden esperar más. Han perdido todo. No merecen perder también la esperanza.














